JAVIER
GARCÍA CELLINO
Por mucho que en ocasiones sea cierto que las palabras se las lleva el viento, no es menos verdad que otras veces ni el más huracanado de esos aires es capaz de arrastrar consigo lo que en determinados momentos -guiados por la euforia, por la falta de previsión o por otros intereses cualquiera- nos sale de la boca a modo de diagnósticos que nunca llegan a cumplirse. A fin de cuentas, sólo la palabra que tienes dentro de ti es tu esclava, pues luego que la sueltas acaba dominándote, cuando no poniendo en evidencia tu falta de rigor a la hora de hacer público un vaticinio.
Sin duda que el mejor lugar para rastrear en el dialecto utilizado por los políticos que, año tras año, van cubriendo sus etapas con resultados distintos, según los casos, son las hemerotecas. En esa biblioteca universal, en la que lo mismo se mezclan episodios trágicos o humorísticos con augurios tanto brillantes como carentes de solidez, los políticos de nuestra cuenca han dejado impresa la línea de pensamiento que conduce desde sus intereses partidistas hasta la diana de los instrumentos de reindustrialización, un conglomerado de estrategias destinadas a paliar el desplome industrial y económico de esta comarca.
Parafraseando a Aristóteles: «La única verdad es la realidad», a poco que se tenga interés por hurgar en las estanterías de nuestra hemeroteca veremos cómo los ánimos han ido cambiando entre los dirigentes políticos y sindicales de la cuenca. De la anterior vehemencia con que se defendían unos mecanismos inciertos y a veces de dudoso perfil, se ha pasado en algunos casos -no es necesario dar nombres- a un estado de desaliento ante la inminencia de que el horizonte continúa mostrando los mismos, o parecidos, signos borrascosos. Lo que da fe de que lo más importante del árbol no es tanto el fruto como una buena semilla.
De ahí que, ante el sombrío panorama que nos ocupa -no hace falta insistir en la precaria situación laboral, que afecta sobre todo a los jóvenes, o en el deterioro medioambiental, entre otros ejemplos-, los sindicatos de la comarca hayan realizado el pasado día 24 una manifestación.
Es cierto que pueden discutirse pulsiones cronológicas -hay quienes opinan que la misma debería haberse celebrado hace tiempo-, pero lo que parece fuera de duda es que hay suficientes motivos como para bucear hasta el fondo de un conglomerado económico en el que se dan la mano desde las viejas y conocidas técnicas empresariales -rebajas de plantillas, abaratamiento de despidos?- hasta las más novedosas: subvenciones que se reciben con las manos abiertas para, al poco tiempo, dar el cierre a la empresa y largarse con ese dinero -el dinero huele bien venga de donde venga (Juvenal)- en busca de otros posibles paraísos.
Quizá lo más importante de la manifestación -además, naturalmente, de la unidad sindical y de la concurrida asistencia- comience a partir de ahora. Es cierto que una buena preparación resulta indispensable para cubrir la mitad del camino, pero sin olvidar que éste suele ser muy arduo.
Completar esta segunda fase es, sobre todo, una exigencia, pues, del mismo modo que las conciencias se ponen alerta, acostumbran también a enmohecerse fácilmente con la falta de ejercicio. No dejemos nunca de recordar esa hermosa frase: «Muchas pequeñas derrotas conducen a la gran victoria». Confiemos en que suceda así.