JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ
Nada, que casi no nos dio tiempo a poner pie en tierra de 2010 y ya nos tienen azafranados con subidas de todo tipo. Resulta la solución socorrida que utilizan para tapar los cráteres que ellos mismos provocan, pero que indefectiblemente tenemos que rebachear los demás.
La luz -otra vez, y van?- y el agua, que aunque dicen que la congelan, por estos pagos a costa del canon de saneamiento, nos vuelven a dar otro buen palo. Las bombonas de gas butano, correos, transporte urbano y de largo recorrido, Renfe y yo qué sé. ¡Hasta la Biblia en verso! Por otro lado, el incremento del IVA en dos puntos conllevará una serie de subidas en cadena, con claro efecto dominó, en todos los productos.
En el país de la picaresca ya resulta archisabido que en cualquier momento cualquier subida -por ejemplo de dos céntimos- repercute de inmediato en 20 o 30 en el consumidor final. Y es que desde la infausta entrada en vigor del euro todo se desmadró. Las cien añoradas pesetas se convirtieron a la hora de pagar en un euro, y subiendo. Los mil duros, con los que uno se sentía como un marqués, en 50 euros, y también ascendiendo.
Las retenciones para los afortunados que aún tienen capacidad de ahorro, en función de tramos diversos, pues otro puntito, o dos. Mientras tanto, los salarios se estancan y no hay modo de lograr un consenso que lo lleve todo a buen puerto, pero el Gobierno sale impoluto de todo lo que pasa. No quiero ni pensar si fueran los de enfrente los que tuvieran la sartén del poder por el mangu.
Los sindicatos han llegado a una cota de desprestigio difícil de superar, porque a estas alturas tan sólo están pendientes de «lo suyo», léase seguir en el machito con cargos, prebendas y subvenciones, y ser la voz de su amo clamando exclusivamente contra lo que sea, pero «qué buenos son los chicos del Gobierno central» y qué bien nos tratan. Al obrero? que lo zurzan.
Por el contrario, las pensiones suben, o eso dicen, un 4 por ciento para las situadas en los niveles más bajos. Las demás, un 1 por ciento. ¡Joder! Ya me explicarán la relación matemática con lo que suben cosas primordiales, o de primera necesidad. Se nos viene encima otra muy gorda, y con más de cuatro millones de personas en el desempleo, que ésa es otra muy preocupante, con independencia de las nulas expectativas de que todo se regenere.
Por lo tanto, no me extraña que el verdadero «subidón» corresponda a la adrenalina, o mejor a muy mala leche, de buena parte de los españoles y uno se apunta el primero de la teórica lista de afectados, y cabreados.
Me pongo a temblar cuando hace unos minutos leo que Rodríguez Zapatero al asumir la Presidencia de la UE dice aquello de «asumo con entusiasmo el reto de sacar a la Unión Europea de la crisis económica», tan sólo se me ocurre gritar ¡socorro!