JOSÉ MANUEL BARREAL
La hipocresía es esa postura maquillada que se exhibe en la carnavalada de la apariencia. Es la que actualmente, y cuando «el burro ya está muerto o a punto», manifiestan aquellos que, ahora, pregonan a los cuatro vientos que las cuencas mineras se hunden? y que Duro Felguera se marcha.
Los hipócritas, de ayer y de hoy, son los que, cuando Langreo y las Cuencas se desmantelaban, estaban embozados tramando complicidades y multiplicando beneficios. Ahora pontifican demagógicamente que los políticos (¿todos? ) y los sindicatos son una mierda. Son los señores de la «objetividad», de la «equidistancia».
Estos especímenes suelen carecer de altruismo, de ideales; están programados a plazo fijo y más si es para su beneficio. Huelen a ras del suelo, en los zapatos de los poderosos. Antes los aplaudían y ahora no los cuestionan. Pero sí saben que esto se va al garete y, claro, la culpa de los políticos -ni más ni menos que de los partidos políticos-, pero no se atreven a decirlo así. Sería destapar su pensamiento.
Los hipócritas acallan su conciencia y se fabrican coartadas para pasar la culpa al resto del personal. No tienen, pues, vergüenza. La ignoran, así no se exponen a la evaluación del resto.
Estos seres que están ahí, pero que se disimulan con la sonrisa de la beatería, carecen de memoria, hace tiempo que quemaron los archivos de su vida -al mismo tiempo que volaron el alto horno de la Duro- y por eso, ahora, quieren (pero no pueden) engañar al personal convirtiéndose en adalides de las cuencas mineras, del obrero. Y en el lloriqueo más patético se suben a la tarima del populismo enarbolando la bandera de la «lucha por las Cuencas»; al tiempo denuncian: «Duro Felguera nos deja». ¿Qué Duro? Me parece que ya hace tiempo, mucho tiempo, que Duro Felguera dejó de existir para el pueblo que todo le dio. Y que ahora se sienta en los innumerables bancos que se hicieron con los fondos mineros que, como ya se dijo, por personas más autorizadas que yo, mejor se hubieran empleado, además, en crear trabajo.
El hipócrita es un ser lleno de miedo, de temor a que lo descubran. No conoce nada de lo que dice defender, a no ser su propio nicho vivencial. Es puro egocentrismo, su yo está por encima del otro. Por eso se reivindica a sí mismo con ramplona demagogia: «Esto está muy mal, no hay quien lo soporte, nos vamos a la ruina»? dándose golpes de pecho ante el temor que se descubra su hipocresía. De este modo, se ponen a salvo del dictamen de la historia.
El hipócrita, los hipócritas piensan que tienen futuro, porque no tienen pasado o, al menos, eso creen. Es posible. Pero un futuro sin sueños, sin palabras, sin vergüenza. Lleno de infamia.
Su máxima es la del quintacolumnista: «No hay verdad que no deba mentirse ni mentira que no pueda afirmarse».