CARLOS CUESTA
El nombramiento del ex ministro de UCD Alberto Oliart, de 81 años de edad, como nuevo presidente de RTVE, ha causado cierto estupor en algunos ámbitos de la sociedad española, especialmente en el colectivo de prejubilados del ente público en liquidación. Oliart, persona de consenso y actualmente envuelto en una línea independiente alejada de partidismos, ha sustituido a Luis Fernández -el periodista independiente- como se le conocía en «la casa», que ha dejado su cargo por causas personales y también por el hartazgo hacia sus mentores, que le han hurtado un proyecto ilusionante para la cadena pública para hacerla más rentable, más cargada de calidad y más independiente. Todo esto se ha ido al garete al fracasar el modelo de financiación para RTVE, pues la decisión personalísima del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, de eliminar la emisión de publicidad abocará a la corporación mediática a obtener sus recursos del Estado y de un canon que pagarán las teles privadas y las operadoras de telecomunicaciones. Pienso que ha sido una decisión errática y que a medio plazo traerá sus consecuencias. Lo mismo que contar con un presidente longevo para llevar a cabo un proyecto complejo y tan dependiente del Estado como la RTVE. Alberto Oliart es una persona con un buen bagaje político y cultural, pero quizá le falten energía, fuerza vital y entusiasmo para enfrentarse a un gigante como la Corporación RTVE, cuya gestión es cada día más compleja a pesar de haber soltado lastre con miles de trabajadores en sus diferentes expedientes de regulación de empleo. El último ERE apartó del escenario mediático, tele y radio, a 4.150 excelentes profesionales, sólo por sobrepasar la edad de 52 de años. Y ahora se nombra a un ex ministro de UCD de 81 años, sin saber nada de televisión y con exceso de talante y consenso. Los capitanes socialista (Zapatero) y popular (Rajoy) se las apañaron unidos, qué raro, para aceptar ese nombramiento que resulta a todas luces incongruente, paradójico, sarcástico e hiriente. Los afectados por el ERE consideran, consideramos, una falta de ética y finura política esa decisión que deja en evidencia a esos padres de la patria a los que, al parecer, les importa un pito la Corporación RTVE. Un nuevo presidente para el gigante audiovisual con edad más que provecta y miles de profesionales, periodistas, realizadores, reporteros gráficos, editores de vídeos, técnicos varios, productores, administrativos, carpinteros? de 52 años alejados de su trabajo querido y en el momento de más experiencia y creación. ¡Incomprensible! Tal es así que muchos miembros del colectivo de 4.150 afectados por el ERE ya se plantean auscultar la vía judicial para saber hasta qué punto la empresa que los prejubiló puede incorporar a alguien que sobrepasa ampliamente la edad de jubilación. Estas realidades van camino de convertir RTVE en un ente disminuido, con poco personal y cada vez menos calidad, más programas basura, menos producción propia y más de los amigos de la Moncloa. Al final, la televisión pública quedará como una cadena residual y falta de contenido; y la radio, más de lo mismo. Y un ejemplo meridiano, los centros territoriales: funcionan, pero bajo mínimos y con una audiencia lastrada por las teles autonómicas, que gastan muchísimo más de lo que ingresan y ofertan, generalmente, programas poco atractivos para los espectadores. El sector audiovisual se enfrenta a un momento complicado y convulso. A Oliart le deseo lo mejor en su cometido, mas sin publicidad la cosa se pone fea para alcanzar cotas de óptima gestión en RTVE. Y es que la experiencia y la edad -a veces- son cuestiones fundamentales para que la Corporación vaya de viento en popa. Ojalá, pero me temo lo peor? Y en todo este asunto, el director de TVE, Javier Pons, dimite por no estar de acuerdo con el nuevo modelo televisivo. Malos tiempos para la pública?