ISMAEL MARÍA GONZÁLEZ ARIAS
El primer día, el que nevó como de broma, el viernes, cerraron las clases y mandaron a los críos para casa. En previsión, supongo, de que los profesores no pudiesen, de regreso a sus casas, subir las cumbres borrascosas y asoladas por la nieve de El Caleyu, para llegar a Uviéu, o de La Madera, para Xixón.
El sábado fue la semifinal femenina del Concursu «Cuenca del Caudal» de tonada. Participó Rosario González, que vino desde Villaxer de Llaciana. También María Teresa González Soto, que venía de Picos d'Europa. Y así hasta un total de once participantes. Sólo Chucha de Nembra no pudo por un pequeño percance. Llegaron los de luces desde Santander. Llegó un cámara desde La Coruña. Llegaron los camiones de la unidad móvil. Los del jurado desde tres puntos bien distintos de Asturies. Todos nevando.
Menos los que lo intentaron a partir de las siete de la tarde. Ahí el mundo se paró. La circunvalación de Uviéu, al parecer por un accidente. A la presentadora del Concursu la retuvieron dos horas. El centro de la capital parado, por necesitarse cadenas para subir las empinadas cuestas. El Güerna porque lo cierran siempre en previsión de que se estropee. El resto de los puertos porque nadie se acuerda que también se utilizan.
El domingo heló. Amaneció Mieres como una pista de patinaje. Envidia de la que instalan en la Laboral. Tres obreros municipales echaban sal a puñadinos sobre el hielo. La imagen era entrañable. Tres tristes obreros contra la helada. En Uviéu fue más grave. Según el Ayuntamiento se desplegaron más de ciento cincuenta trabajadores. No pudieron contra el hielo. Es un problema de química: la sal tiene que estar echada antes.
Con todo, el chiste, el verdadero chiste sigue siendo el Güerna. Esperas una cola del copón para conseguir ir detrás de una quitanieves. Recorres los ochenta kilómetros en fila india y en segunda. Y te paran en el peaje a pagar. De eso no se olvidan. Se pueden olvidar, como el año pasado, de rescatarte del arcén tras toda la noche tirado en medio de la nieve. Pero al final, después de ocho horas tirado, te cobran. Ahora, lo mismo. Al parecer no se les puede quitar el peaje por tratarse de una concesión. Pero, igual, podría hacerse algo con ello por tratarse de un peligro público. Aún recuerdo el regreso de Madrid el verano pasado. Una hora de atasco. Sólo para pagar el peaje. Más impresentable que lo de la nieve. El Gobierno, no sé cuál, había prometido quitarnos el peaje. Cumplió. Quitaron el de la parte nuestra. Dejaron el de León. Para reírse en nuestra cara.