RICARDO V. MONTOTO
Me sorprende que la ciudadanía esté tan cabreada con la actuación de los servicios municipales antes, durante y tras la nevada de días pasados. Si resulta que llevamos un montón de años quejándonos de su deficiencia, de que no hay manera de ver las plantillas completas trabajando, de la falta de organización, del descuido en el mantenimiento de nuestros concejos, ¿cómo pretendemos que ante una circunstancia excepcional, aunque prevista, de repente todo se ponga a funcionar correctamente? Si un día soleado y en calma no sucede, sería un verdadero milagro que se produjera en pleno temporal.
Lo grave no es lo acaecido durante estos días sino lo que ocurre siempre. Ante una nevada considerable y la posterior helada no podemos pretender que la vida transcurra como si no hubiera sucedido nada. Y los ciudadanos hemos de ser conscientes de ello y colaborar o, por lo menos, no causar más problemas.
Pero si después de todos estos años usted es de los que reclamaba que los servicios municipales acudieran raudos a despejarle la entrada de casa, más le valía haber cogido una pala y ponerse a la labor porque la experiencia nos dice que si queremos que algo se realice lo tenemos que hacer nosotros mismos.
Y no creo que debamos responsabilizar a los trabajadores municipales por su inoperancia. El origen del problema está más arriba, localizado en todos esos que tan orgullosamente ostentan el poder pero que no tienen ni puñetera idea de mandar.
Algunos servicios municipales de Mieres funcionan mal desde la misma fundación del concejo porque ningún capitoste político le ha echado lo que hay que echarle para poner soluciones. A lo sumo, el omnipotente PSOE local envió al frente a algunos pobres infelices en forma de concejales de personal y los abandonó miserablemente, retirándoles su apoyo en cuanto la plantilla municipal sacó las uñas. Y así estamos, con un poder local (no miren en dirección al Ayuntamiento sino a la Casa del Pueblo) que no sabe mandar, ni organizar, que en el Ayuntamiento es como el perro del hortelano y al que se le suelta el vientre en cuanto los sindicatos municipales amenazan con remontarse.