ROSA
TRAPIELLO
A finales de 2009 se celebró el II Congreso sobre la defensa de los menores en las crisis de parejas. El evento tuvo lugar en Palma de Mallorca y hubo, como siempre en los congresos, de todo: rigurosidad, risas y un largo rosario de aportaciones por parte de los ponentes.
Sin conocer a fondo ni el congreso ni las ponencias, hay una conclusión que ha trascendido más que otras y que ha conseguido dejarme un tanto conmovida. Dice lo siguiente: «Controlar el móvil o el bolso de una mujer son casos de violencia sexista». Que la violencia sexista existe y es grave no lo va a poner en duda nadie, pero estamos llegando a límites que nada tienen que ver con la violencia y que suenan a insensatez.
Seamos claros: desde hace muchos años, serias abuelas y buenas madres (en muchos casos, no en todos) miraban la americana del marido bajo el pretexto de colgarla en la percha, registraban bolsillos interiores y exteriores en busca de saber si el hombre se había ido de copas y aún conservaba el tique, y los bolsillos del pantalón también eran inspeccionados.
Con el paso de los años y la tecnología, las mujeres miran extractos de tarjetas bancarias y facturas de teléfono; las más actualizadas les han llegado a instalar a sus novios o parejas en el móvil o el ordenador programas espía para saber con quién «chatean» o qué hacen. Indudablemente esto es una práctica inadmisible, sean hombres o mujeres los que la lleven a cabo, pero por desgracia lo practican en un porcentaje muy superior las mujeres sobre los hombres que viceversa, y me pregunto: ¿qué hacemos con esos miles de mujeres que espían teléfonos y americanas? ¿Las metemos en la cárcel por violencia sexista como se pide para los hombres?
Mirar el móvil o el bolso no es violencia, es inseguridad y mala educación. Hablar de violencia sexista es necesario para tratar de erradicarla, pero llevarla a límites como éstos es rizar el rizo. Si usted, señora, le mira el bolso a su marido, no comete ningún delito; en cambio, si su marido o compañero se lo mira a usted, puede estar cometiendo violencia sexista... Pues lo siento, pero esto no es justo, más bien es muy injusto. Si hubiera que considerar delito mirar un bolso, no habría cárceles suficientes para las mujeres que lo han hecho, y si no, señoras que me están leyendo, piensen a cuántas mujeres conocen que alguna vez en su vida se hayan visto tentadas a meter la mano en el bolsillo del compañero.
A los maltratadores, a por ellos sin piedad, pero con rigor. El día menos pensado vamos a acabar las mujeres denunciando a un señor porque nos miró con violencia sexista y acabará en la cárcel por mirar, aunque alguno la verdad se lo merecería, pero no sería justo.