JOSÉ MANUEL IBÁÑEZ
Yo no sé si a alguno de ustedes le sucede algo similar, pero días hay que a uno le apetece decir eso de «que paren el mundo, que me tiro en marcha». Tengo la impresión de que cada vez estamos más inmersos en una sociedad en la cual su maquetación, o diseño, está enfocada justamente al revés de lo que parece lógico.
Entre un variado orden de cosas, llego a esta reflexión ante la noticia de que Ali Agca, que hoy mismo será puesto en libertad, tiene cola para entrevistas de todo tipo, cual héroe nacional, con cifras millonarias de por medio, con lo cual rentabilizará al máximo su «hazaña» del intento de asesinar a Juan Pablo II.
Todos los implicados en la desaparición y muerte de Marta del Castillo siguen de rositas, incluso alguno ya en libertad, mientras algunos de sus allegados han recorrido diversos platós de la telemierda haciendo caja. Dice un amigo mío que un par de guardias civiles de los de antes en unas horas les hubieran «convencido» para cantar, y hasta bailar por sevillanas, nunca mejor dicho, y la juerga de marear la perdiz se hubiese terminado. Y no digo yo que no. Parece ocioso el decir que la subversión de valores en nuestra sociedad es total y absoluta.
La sociedad está creando unos ídolos con pies de barro cargados de negatividad, pero que se forran mientras se encuentran en el candelero, y son pésimo ejemplo para personas con dos dedos de frente. Pero la adoración por los personajes de vida fácil también tiene sus seguidores, y a lo que se ve son multitud, y viven pendientes de la pléyade de gentes que viven y exponen constantemente sus miserias -habitualmente de la entrepierna- con marujeo de detractores o seguidores. Las televisiones de nuestro país muestran a diario la fauna de peripatéticas, busconas, mariposones o vividores de cualquier ralea que venden al mejor postor su casquería de desnudos, cuernos, embarazos, abortos, separaciones... y lo que pinte con tal de hacer caja. La ola sigue creciendo, lo que nos lleva a la certeza de que estamos atrapados en un inmenso patio de corrala fétido.
Con este «escaparate» no me extraña que algunos piensen que no merece la pena matarse a estudiar, para ingresar directamente en el paro, cuando se puede llegar a vivir de p m con otros métodos como los que a diario nos restriegan. Quizá sea que uno se va quedando un tanto anticuado, aunque no me resisto a terminar con aquello de «hay gustos que merecen palos», aunque a los gobernantes todo ello les viene de perlas para que una inmensa mayoría se olvide de la penosa situación actual. Antes fue pan y circo, luego fútbol y toros, y ahora mismo mierda mediática a tutiplén para que el personal no piense, por si acasu, pues puede resultar peligroso.