RICARDO V. MONTOTO
Dice el ministro de Trabajo, para disgusto del resto del Ejecutivo, que la economía sumergida española supone entre un 15 y un 20 % del total. Vaya por Dios. La primera pregunta que me hago es: de los dineros que manejan los partidos políticos, ¿qué porcentaje está sumergido? Me da en la nariz que no es poco.
En este país, en números redondos, un 20% de la población es pensionista. Otro 20%, desempleada. Y otro 20%, trabaja en alguna administración. Luego, sólo queda un 40% para alimentar la enorme máquina, generar la riqueza que sostiene el sistema. Son pocos remeros para una embarcación que va hasta los topes de gente. Y, por desgracia, cada día son menos los que reman y más los que se dejan llevar.
Consecuencia del desequilibrio existente es que el Estado, para mantener su prestación de servicios, recurre a estrujar sin piedad a ese minoritario 40% encargado que mantener la actividad económica. El poder político no tiene en mente reducir las dimensiones de su hipertrófica administración. Es evidente que el sistema autonómico es carísimo, y más comparado con los beneficios que produce. Un país de medio pelo como el nuestro no se puede permitir semejante dispendio. Sin embargo, todo indica que antes de racionalizar la organización administrativa española estamos dispuestos a recortar en sanidad, educación o lo que sea. Nadie ha dado el paso de renunciar a los miles de cargos de confianza, tener cuidado con los gastos superfluos o eliminar los puestos públicos innecesarios.
No quieren darse cuenta de que todo el dinero que sufraga esa estupidez sale de los pocos que se pasan el día currando para después entregar un buen pellizco de sus ingresos a Hacienda. No son los de los fondos de inversión exentos de tributación, ni los que disfrutan las Navidades en sus mansiones de Suiza. Son empleados, autónomos y pequeños empresarios cuyos pies cada día se hunden más en el barro. Nadie parece percatarse de que constituyen la gasolina que alimenta este monstruoso motor. Y la luz de reserva ya se ha encendido.