Mieres del Camino,
Antonio LORCA
Al subir las tres plantas que llevan hasta las instalaciones de la Fundación para el Desarrollo del Soft Computing, en el campus de Mieres, se pasa del bullicio de los alumnos que dan sus clases y alternan en las dos plantas inferiores a un lugar donde los estudiantes del máster de soft computing, que ha comenzado este año, hablan en inglés con sus profesores y se pasan el día enfrascados en sus proyectos, siempre relacionados con ese abstracto concepto denominado como «lógica difusa».
Uno de estos estudiantes es el polaco Krcysztof Trawinski, que llegó a Mieres en septiembre de 2008 atraído por el Centro Europeo de Soft Computing: «Hice unas prácticas aquí y luego me hicieron un contrato para investigar», explica. La oportunidad de compaginar este trabajo y la realización de máster de soft computing «me ha permitido mejorar mi nivel, aprender más y poder hacer después el doctorado aquí».
En la unidad donde trabaja Trawinski se están llevando a cabo varios proyectos, como uno de «análisis forense» que permitirá ayudar en la identificación de cadáveres. A su vez, él se encarga de dos proyectos, «uno para una empresa privada y otro de investigación». «Se trata de una empresa de parques eólicos que quiere mejorar las predicciones para saber realmente cuánta energía se genera», explica este ingeniero informático, que reconoce que otra de las razones que le han hecho venir hasta España es que «mi novia es española, la conocí cuando estuvimos los dos de estudiantes "Erasmus" en Alemania».
Otro de los alumnos que han inaugurado el máster de soft computing es el ovetense Alberto Álvarez, que se muestra «sorprendido de cómo se puede juntar a los profesores más destacados en la materia en un mismo lugar». Además, Álvarez resalta lo bien organizado que está el máster: «No hay solapamientos de horarios y puedes ir eligiendo tu propio camino».
Este estudiante de 24 años mantuvo durante sus estudios de Física (tres años en Oviedo y otros dos en la Autónoma de Madrid) una media de sobresaliente y nada más terminar comenzó a trabajar en este centro de Mieres, donde ahora busca con este máster «la excelencia». Para explicar de una manera llana lo que es el soft computing, Álvarez pone ejemplos: «Los lavavajillas tienen un programa que mide la cantidad de suciedad que hay en el agua y razonando como las personas determinan la temperatura a la que hay que lavar, cuánto tiempo y con qué cantidad de detergente». Eso y otras cosas son la lógica difusa.
Sheila Méndez, ovetense de 27 años, también compagina el trabajo en el centro con el máster, y ahora trabaja «en resúmenes lingüísticos que se generan automáticamente a través de datos», o lo que es lo mismo, «acercar el análisis de datos a cómo lo haría una persona». Un ejemplo: «Estamos trabajando en un proyecto para HC que permitirá que las instalaciones de calefacción analicen cómo está siendo el consumo, a qué hora se consume más y aconsejen al usuario sobre cómo ahorrar energía».