HERI GUTIÉRREZ GARCÍA
Muchas veces, más de las debidas, el ser humano olvida ya no los ritos ancestrales, sino su Historia reciente. Sólo de esta forma se pueden entender ciertos comportamientos que dejan al descubierto situaciones en las que conceptos como identidad o diferencia étnica se pueden deslizar hacia el racismo y xenofobia.
De principio, ni la existencia de diversidad de etnias dentro de un enclave, región, país o continente tiene que llevar al caos social ni los límites entre aquéllas, por diferencias de culturas, ser el germen de la discriminación y segregación. ¿Por qué ocurren estas calamidades, entonces? Analicemos primero la siguiente realidad; aunque el nazismo, por ejemplo, utilizó las técnicas biomédicas para cometer las terribles aberraciones, de lesa humanidad, contra judíos, eslavos, comunistas, gitanos y otros grupos distintos, asociados al mecanicismo en su holístico planteamiento ario, debemos reconocer que todas fueron fruto de la ciencia médica y del trabajo de científicos altamente cualificados, incluidos algunos judíos.
El desplazamiento de este conjunto de prácticas hacia la concepción de cultura, alejándose de lo que serían técnicas médicas solamente, es lo que prescribe su uso como instrumento de reacción y amputación frente al distinto, incluso más allá de los campos de concentración. Otros ejemplos, pasmosamente cercanos, son los que se dieron, como quien dice, hace cuatro días en los Balcanes o en cualquier rincón de África. En la memoria reciente, los machetazos que se repartían sin remordimiento hutus y tutsis en Ruanda, que como una plaga fue devorando a las tribus de países limítrofes.
El distinto es eso solamente, no debe ser considerado, bajo ningún concepto, como mano de obra barata, esclava en algunos casos, conejillo de indias para descubrimientos médicos, kleenex de usar y tirar, ni diana sobre la que enjugar la propia impotencia e inoperancia de nuestra sociedad occidental. Nadie goza, por muy alcalde o político de engominada melena que sea, de la posibilidad de negarle el derecho a la vida o domicilio a un inmigrante, porque con ello sólo se alimenta la hoguera del odio hacia el extranjero, sobre todo en períodos de crisis como la actual.
La delimitación de grupos étnicos no requiere la alienación del distinto, eso queda en el terreno del racismo cerval y descabellado, sólo precisa del conocimiento de los orígenes comunes de esa población para, desde esa perspectiva, conseguir una armoniosa vida global y multicultural. Porque pese a lo que quieran algunos, las diferencias biológicas no definen la capacidad de los individuos, ni mucho menos aún el abanico de derechos a los que pueden aspirar. Pero, claro, seguro que aparecerán «iluminados» que dicten las normas de convivencia ajenos a la ley del Hombre. Y siempre usando esas diferencias desde el existencialismo, para hacer imposible la convivencia con el otro, el distinto, olvidando que la propia Cultura es más que un conjunto de complejos sistemas de conducta y, mucho más allá, se constituye como suma de mecanismos de control de los comportamientos y conductas humanas; y así capacita y habilita al individuo.
Para terminar, recordemos las desventuras de aquel «Sargento Negro», en la peli del Oeste dirigida por J. Ford, donde el otrora soldado ejemplar era acusado de violación y doble asesinato, sin pruebas, por ser de un color distinto al blanco inmaculado, cristiano y temeroso de Dios, que representaban unos mal entendidos límites étnicos basados en algo que nunca debe ser suficiente para diferenciar ni mucho menos segregar el tono de piel derivado de la adaptación humana a distintos entornos. ¡Ah...! Se me olvidaba, en la vertiginosa huida de los apaches y de la desvergüenza, al lado de los «Soldados Búfalo» por las llanuras de Monument Valley. ¿Sabéis cuantos idiomas hablan los chicos subsaharianos a los que algunos intentan culpar de todos los males de nuestra sociedad...? Cuando les compréis un CD, DVD o cinturón, sin que la SGAE se entere, preguntadles.