Mieres del Camino,
A. LORCA
Alfredo de Diego Braga, al que sus allegados conocen como «Fredi», para no confundirle con su padre, creció en un casa humilde de Oviedo, en un piso situado en el barrio de Ciudad Naranco. A pesar de su juventud (38 años), este párroco, que ahora ha saltado a la palestra por sus abiertas críticas al Alcalde de Mieres y al cantante Víctor Manuel, y que en los últimos días registró gran cantidad de comentarios de apoyo en la página web de LA NUEVA ESPAÑA, tiene una dilatada experiencia en el seno de la iglesia.
Su carrera pastoral comenzó en la ovetense iglesia de Pumarín, donde fue diácono, para más tarde ordenarse como sacerdote y ejercer allí de cura coadjutor. En esta iglesia estuvo durante cinco años, compaginando la labor sacerdotal con la de secretario, primero del obispo Gabino Díaz Merchán desde 2001 hasta la llegada de su sucesor Carlos Osoro, a finales de 2002, con quien estuvo unos pocos meses.
Fue entonces cuando se fue a Madrid a realizar un cursillo de misionerología, para iniciarse en la labor que había resuelto emprender. El 9 de junio de 2003, «Fredi» era despedido por todo lo alto de la iglesia de Pumarín. En aquella ocasión, el joven sacerdote, que ejercía de coadjutor en la parroquia, no pudo contener las lágrimas al ser despedido en una iglesia abarrotada de fieles, que aún guardan un grato recuerdo de este sacerdote. De Pumarín partió hasta la localidad de Aguarico, en Ecuador, donde la diócesis de Asturias colabora en la vicaría de una orden capuchina navarra que se dedica allí a ejercer la labora pastoral.
En esa población, donde residen 27.000 personas en una enorme extensión de terreno, conviven 60 comunidades diferentes. Se trata de una población de la Amazonia ecuatoriana. «Nuestra tarea allí era pastoral, aunque a veces había que hacer de todo», explica Alfredo De Diego de su labor en la selva amazónica. En ella tenían una oficina de derechos humanos y en esa misma vicaría estaba ubicado un colegio, aunque la gestión del mismo la realizaba la Compañía de Jesús.
«A veces si es cierto que teníamos que defender los derechos humanos de la población indígena para que no fueran pisoteados por los interés de otros», afirma.
Después de 4 años en la selva amazónica este párroco ha regresado a Asturias, a la parroquia de San Martín, en Turón. Desde allí continúa denunciando hipocresías y, a través de sus hojas parroquiales, criticando las injusticias que considera oportunas.