RICARDO V. MONTOTO
Areces planea irse de «tournée» por Centroamérica y para ello ha sacado a licitación el paquete vacacional con un presupuesto de 600.000 euros. Para los que sean de la vieja escuela, sepan que son cien millonazos de pesetas. Cien «kilos» en un viaje. Alguno dirá que «a millón por kilo». Pues más o menos.
Con el pretexto de salir por el mundo a hacer negocios, el presi y un nutrido séquito se proponen disfrutar de unos cuantos días recorriendo Cuba, República Dominicana, Panamá y México. Y como ya ha sucedido con las expediciones anteriores, se hacen un montón de kilómetros y se gasta un dineral para nada. Al final, la cosa queda en un lujoso garbeo transoceánico pagado con el dinero de todos los asturianos.
Qué más da que estemos en plena crisis (bueno, los asturianos y en particular, los de las cuencas mineras, siempre estamos en crisis), que en las arcas públicas salga más de lo que entra, que ya sean efectivos un montón de recortes. Nos vamos de viaje. Será por perres...
El agujero de las administraciones públicas ya es insondable y los propósitos serios de control del gasto están, de momento, en punto muerto. Eso sí, las subvenciones para deporte y cultura se han reducido drásticamente. Pues ya que caminamos por la senda de «quien quiera promover actividades deportivas y culturales, que las pague de su bolsillo», bien podríamos ser consecuentes y establecer que «quien quiera conocer mundo que abone su billete».
Señor Areces: dejémonos de mamarrachadas. Si los asturianos hemos de apretarnos el cinturón, al menos usted y los que orbitan a su alrededor podrían tener como detalle de dar un poquito de ejemplo. A esta autonomía se le escapa el dinero a chorros en gastos inútiles, proyectos ruinosos, tingladillos partidistas y sueldos de arrimados. Ya está bien. No tener rivales políticos no puede conducir al abuso.
A cuento de todo esto, acabo de encontrar una frase del filósofo francés Michel de Montaigne que viene al pelo: «A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco».