DAMIÁN GONZÁLEZ ARIENZA
PRESIDENTE DE NN GG PARTIDO POPULAR
La crisis económica centró 2009, y la incapacidad del Gobierno para evitar que nos convirtiéramos en el pelotón de cola de Europa abrió, de nuevo, el debate en torno a la progresiva pérdida de confianza de los ciudadanos en las instituciones políticas; desconfianza que, dado que tales instituciones son dirigidas por personas, va dirigida, inevitablemente, hacia los políticos. En Asturias, mientras se prevé para 2010 un paro del 18%, la prensa nos informa de que los Presupuestos Regionales han recortado las partidas destinadas a la innovación y el empleo; a la vez nos dicen que la nuestra es una de las regiones donde más trabas se ponen a la creación de empresas y comercios. En el Nalón, donde yo vivo, el paro golpea con fuerza oscureciendo el futuro de miles de jóvenes, y los fondos mineros, instrumento creado por el Gobierno del Partido Popular y los sindicatos para reactivar estas comarcas, se atascan en Madrid a falta de un presidente del Principado capaz de abandonar su acostumbrada genuflexión ante Zapatero. Así es que, en tal contexto, pueden entenderse la desconfianza, la desilusión y la lejanía con que el ciudadano ve a los políticos. Por ello, resulta ilusionante e inusitada la esperanza que despierta un nombre, el de Álvarez-Cascos, para tomar las riendas de Asturias. Porque, ¿qué es lo que falla? ¿Por qué el PP de Asturias no gana las elecciones dándose toda las circunstancias favorables para ello? La respuesta está en el depositario de esa esperanza, el pueblo soberano, y de todo signo político, al que se le iluminan los ojos cuando te pregunta: ¿es verdad que va a venir Cascos? Una sociedad en ocasiones inerte y en otras descreída hacia lo público sonríe, y tiene fe en su partido cuando oye el nombre de quien puso a Asturias en cada Consejo de Ministros, proponiendo y exigiendo proyectos para su tierra, proyectos que fueron realidades fruto de su arrojo, y que ahí están hasta para quien no quiere verlos. Sobre este punto ya no hay desconfianza ni dudas, solo el agradecimiento de los asturianos a quien dotó a la política de su real y único significado: la vocación de servicio. Pero también, y en lo que se refiere al Partido Popular, refleja algo muy importante: las pocas ganas que tenemos de experimentar, el hecho de que queremos un candidato, si se me permite la expresión, probado con éxito, el mimo que logró los históricos cinco escaños para el Congreso y tres para el Senado en 2000. Ante un momento excepcional, un hombre excepcional. De modo que uno no puede evitar sonrojarse cuando desde tu propio partido -eso sí, desde el anonimato- alguien sugiere, refiriéndose a Cascos, que un candidato muy conocido y con fuerte personalidad puede ser contraproducente. Acabáramos: pongamos entonces a uno desconocido y pusilánime, que el éxito estará garantizado. Seguro que alguno anda en ello, pero los que queremos ganar queremos a Cascos. Algunos entendemos que no hay nada irreversible, ni la crisis económica ni la mediocridad de ciertos políticos; pero frente a ello sí es imprescindible eso que alguno rechaza: una personalidad fuerte capaz de plantarse ante lo y los que nos sitúan en la cola. Yo quiero que esto, que es la palabra del ciudadano, de la calle, sea tenido en cuenta de una vez por todas. Seguro que tantos no nos equivocamos. De modo que, Francisco, desde la comarca del Nalón por la que tu hiciste tantas cosas: yo también te invito a bailar.