ANTONIO LORCA
Mieres del Camino,
Andrés Duque (Caracas, 1972) llegó a España en el año 2000 siguiendo la huella del director de cine Iván Zulueta. Le costó, pero consiguió hacer un documental sobre el autor de la película de culto «Arrebato». Este año Cortomieres dedica a Duque una retrospectiva a su obra, un trabajo al margen de los circuitos comerciales, donde se siente cómodo. «Prefiero mantenerme de forma independiente, este es mi terreno», afirma.
-¿Qué destacaría de la edición de este año del Festival de Mieres?
-Hay más variedad en cuanto a temáticas y secciones más radicales en cuanto al contenido. Una de las películas más interesantes que he visto fue un documental titulado «To shot an elephant», que trata del conflicto entre Palestina e Israel, de Alberto Arce. Es una película que retrata esta problemática y donde, a pesar de que sabemos quién es el culpable, se ve cómo los palestinos también asumen su parte de responsabilidad en el conflicto.
-Dentro del panorama de festivales de cortos de España, ¿qué lugar ocupa Cortomieres?
-Lo que hace que un festival trascienda y atraiga a público es la sensibilidad de su programación. No sólo traer películas comerciales, es necesario tener un sentido editorial. Traer trabajos que puedan ser interesantes por contenidos, imágenes, concienciación social, también ficciones bien hechas. En este sentido, he visto cómo la gente está de acuerdo en que este es un festival con una gran programación.
-Usted trabajó para la cadena estadounidense HBO, que destaca por la calidad de sus contenidos...
-La HBO responde a un público que exige historias con un desarrollo de guión más elevado y la presencia de actores con un mayor peso dramático. Algo que a veces olvidan las películas de Hollywood.
-Casi todas sus películas son documentales, ¿por qué?
-El documental ha encontrado una manera de expandirse. No puede ser objetivo. Al final no dista mucho de la ficción. Cuando encuadras dejas fuera una serie de información. En el montaje también ficcionas. De lo que se trata es de mostrar una realidad, sea objetiva o no, porque al final todo es subjetivo, es como el realizador lo ve. Ahora se están aprovechando las técnicas clásicas de narración para trabajar nuevas maneras de ver la realidad e involucrar al público en un hecho. Para el espectador se ha hecho más natural ver documental.
-Su obra más reconocida es «Iván Z», un documental sobre Iván Zulueta, ¿qué le supuso esa experiencia?
-Fue mi primer proyecto en España. Tardé mucho en encontrar a Zulueta. No salía de casa ni veía a nadie. Conocí a un persona que tenía acceso a su casa y a partir de ahí intenté entablar amistad con él para hacer el documental. Me llevó dos años. Iván era muy noble y a la vez muy conflictivo. Pero cuando fui con la cámara se entregó. Hizo declaraciones duras, pero manteniendo el humor. Aquel trabajo me absorbió. Impuso muchas limitaciones al rodaje, pero eso jugó a favor porque había más intimidad. Fue lamentable su pérdida.