RICARDO V. MONTOTO
Y, una vez más, vuelven a las andadas. Hechos públicos los últimos sondeos, que constatan que a día de hoy el PP está por encima del PSOE en intención de voto, la reacción inmediata del principal partido de la oposición ha sido ponerse a trabajar denodadamente para neutralizar la diferencia. ¿Y eso cómo se concreta? Pues haciendo todas las idioteces habidas y por haber hasta lograr que el electorado recapacite y se vuelva a recostar del lado izquierdo. Pero la gestión del gobierno está siendo tan calamitosa que ni los «gurteles» han sido capaces de frenar el ascenso pepero, que es lo que el PP más teme. Es más, tengo el convencimiento de que si Rajoy gana las elecciones, dimite. Como Ovidio. Vaya disgusto, oiga. Con lo bien que se está viéndolas venir.
La sucesión de majaderías a raíz del asunto de los almacenes de residuos nucleares está siendo de nota. El único partido que de modo firme y constante se ha mostrado favorable a la energía atómica se ataca de los nervios ante el debate sobre el futuro emplazamiento de un depósito de residuos nucleares, hasta el punto de querer expedientar a un alcalde de los suyos por haber propuesto la candidatura de su pueblo. Mientras el líder se hace el loco alegando «no tener una opinión formada» al respecto, el escalón inferior arranca el guirigay de dimes y diretes, para pasmo del respetable y recochineo del partido del gobierno que, estando como está, agradece que el rival le eche una manita.
Pero es que el PP es así. A menor escala, fíjense en el caso asturiano. Prestos y dispuestos a perder unas nuevas elecciones liderados por un grupito de incapaces redomados. Y entre tanto, a bofetadas entre ellos en casi todas las plazas. Lo que ocurre en Mieres ya supera imaginable: en el Ayuntamiento, el segundo partido más votado ha quedado reducido a un par de concejales: Uno, que marchó con los de la feria y volvió con los del mercado. Y el otro, que ahora pide a gritos que vuelva Cascos cuando el que le soporta es Ovidio.
Para mí que lo hacen aposta.