Mieres del Camino,
Pablo CASTAÑO
La población de rebeco cantábrico en Asturias se aproxima a la que había antes de que se propagara desde los montes de Aller y Caso la epidemia de sarna que diezmó el núcleo poblacional oriental de la especie, el comprendido entre el Huerna y la frontera cántabra. La enfermedad contagiosa, causada por un ácaro que produce lesiones en la piel, aún no ha sido erradicada en las Cuencas y su imparable expansión continúa incluso fuera la región; no obstante, el rebeco comienza a levantar cabeza. Los expertos están detectando una recuperación paulatina en las áreas afectadas inicialmente por la sarna, y la caída del número de ejemplares en la zona oriental se ha compensado con el crecimiento de la población en el occidente de Asturias, sobre todo en el parque natural de Somiedo. La fractura que provoca la franja Pajares-Huerna, con su concentración de vías de comunicación, mantiene aisladas a las dos poblaciones y ha impedido el contagio masivo en la región.
Francisco Javier Pérez-Barbería, investigador del The Macaulay Institute de Aberdeen (Escocia) y Borja Palacios, biólogo del parque nacional de Picos de Europa, acaban de editar «El rebeco cantábrico, Rupicabra pyrenaica parva. Conservación y gestión de sus poblaciones», un trabajo publicado por el Organismo Autónomo Parques Nacionales del Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, que recopila y sintetiza las aportaciones de 38 expertos y gestores de Asturias, Cantabria, Castilla y León y Galicia sobre el rebeco cantábrico. «La labor de campo ya estaba hecha, pero los resultados apenas habían sido difundida y se hizo un importante esfuerzo para coordinar todo el trabajo», señaló Borja Palacios.
En la obra se presentan varios estudios sobre el estado actual de las poblaciones de rebeco cantábrico y se realiza una comparativa de los datos disponibles en dos períodos, 1995 y 2007-2008. Según los autores, «el principal motivo para elegir estos dos períodos ha sido el brote de sarna que en 1995 comenzó a tener un efecto importante en la población (aunque fue detectado en 1993)».
El estudio señala que en 1995 se contabilizaron en la cordillera Cantábrica 20.165 rebecos y en el período 2007-2008 el número descendió hasta 17.430. La caída, del 13%, no es muy significativa si se tiene en cuenta que en zonas como Caso, donde se concentraba una de las mayores poblaciones de la especie, la caída de población en el período 1995-2001 superó el 65% y fue necesario, incluso, vedar la caza de la especie. El rebeco está consiguiendo levantar cabeza y la comparativa entre los año 1995 y 2007-2008 ofrece las claves del proceso.
Según los autores del trabajo, en 1995 la población de rebeco se dividía en dos grandes núcleos poblacionales al oriente y al occidente del puerto de Pajares y no se constataba el paso de ejemplares entre ambas agrupaciones. El núcleo occidental se extendía hasta los Ancares gallegos y el oriental hasta Peña Labra, en la reserva de caza de Saja, en Cantabria. El núcleo oriental concentraba el mayor número de animales y las densidades más altas, sobre todo la zona comprendida entre los Picos de Europa y el puerto de Tarna, con 12-13 rebecos por kilómetro cuadrado.
En 2007-2008, la situación es muy distinta pese a que el área de distribución es similar. Los autores apuntan que el brote de sarna «afectó gravemente a lo que eran las zonas rebequeras por excelencia en 1995, aquellas comprendidas entre los Picos de Europa y Aller» y que «después de haber transcurrido quince años desde el inicio del brote de sarna en 1993 entre los concejos de Aller y Caso, la enfermedad ha progresado unos 40 kilómetros dirección este, a una media de 2,6 kilómetros cada año, y sigue su avance» de forma que el 56% de la población de rebecos ya convive con la sarna y ésta afecta al 60% del área de distribución. Pero, al mismo tiempo, los extremos tanto orientales como occidentales han visto consolidar sus poblaciones y las zonas no afectadas por la sarna están registrando un aumento de población.
Destaca la zona de Somiedo, que ahora es la que tiene mayor densidad de población (con entre 16 y 19 rebecos por kilómetro cuadrado) y también se registran aumentos de población significativos en las zonas Quirós-Lena, Degaña-Cangas del Narcea y los Ancares leoneses. «Este importante crecimiento parece deberse a varias causas. Una es que en estas zonas del Occidente el tamaño de la población estaba muy mermado, con pequeños grupos de rebecos dispersos que a causa de su bajo número tenían dificultades para lograr un rápido crecimiento, pero una vez alcanzado un tamaño poblacional que permite el desarrollo del comportamiento social típico de la especie su crecimiento ha sido mucho más rápido», apuntan los expertos que han elaborado el estudio, que añaden que el crecimiento de la población también se ha visto beneficiado «porque el núcleo occidental no ha sido afectado por la sarna y probablemente también por la benignidad de los inviernos y la escasa competencia con otras especies de herbívoros salvajes y domésticos».
Los expertos concluyen, a la vista de la comparativa de población entre 1995 y 2007-2008, que «aunque el brote de sarna ha reducido los efectivos poblacionales del sector centro-oriental, se puede observar una clara tendencia de aumento en el resto de la población».
Borja Palacios, uno de los editores del trabajo, destaca además que la población actual de rebecos es superior a la que había hace 50 años en la cordillera Cantábrica y que «la especie no está en peligro, la sarna quedará como una enfermedad endémica, porque no se puede erradicar, y provocará picos de mortalidad al entrar en contacto con poblaciones densas, pero ahora mismo, la zonas donde surgieron los primeros brotes (en las Cuecas) están recuperando población y eso demuestra que la enfermedad no podrá con el rebeco».