RICARDO V. MONTOTO
Llevaba una temporadita sintiéndome flojo, sin chispa, con la mala leche por los suelos. Pero he encontrado el remedio: ¡Ahora televisan al mi Federico por la TDT! Señor Alcalde, lamento comunicarle que su recordado Losantos no ha desaparecido. Está vivito, coleando y ahora en tecnicolor. Y ya estoy notando los efectos de la terapia. En vez de la radio, conecto el televisor, sintonizo a Fede y de inmediato comienza a subirme un no sé qué, como si me acabaran de administrar un supositorio de guindilla. ¡Qué sensación de cabreo tan agradable! Y la interpretación de la realidad se hace mucho más sencilla: Estamos siendo gobernados por idiotas -idiotas para gestionar nuestros intereses, entiéndase, que para arreglarse lo suyo están de lo más espabilados-. La penúltima ocurrencia es elevar la edad de jubilación y los mínimos para que te den una pensión. Tras un montón de años prejubilando a diestro y siniestro -acaban de «pensionar» a cuatro mil y pico trabajadores de RTVE a partir de cincuenta y dos años de edad-, el descuadre es de tal envergadura que a los pocos que queden a pie de obra les va a tocar currar hasta que llueva para arriba. Y lo de la pensión, ya veremos.
Nada se anuncia sobre recortes en las infinitas prebendas del legislativo, cuyas señorías obtienen la pensión máxima de jubilación a los tres cuartos de hora de haber posado la nalga sobre el escaño. Ni de sus privilegiados fondos de jubilación. Ni de sus pluriempleos. Oigo hablar de planes de austeridad, pero aún nadie los ha concretado. Es que ya está bien de que siempre sean los mismos los que pagan las estupideces de estos tipos. Por ejemplo, ¿de cuántos de sus cientos de asesores va a prescindir el señor presidente del Gobierno? Además, visto cómo lo asesoran, más le vale hacerles un ERE.
Por cierto que, ahora, lo que podría ser el colmo del desahogo sería escuchar a los líderes de las filiales cuenqueras del partido en el Gobierno defender la jubilación a los 67 tacos. Ellos, que dejaron de trabajar un ratito después de haber comenzado.
Vaya, el tratamiento Federico parece que funciona.