MANUEL JESÚS LÓPEZ «LITO»
TITULADO SUPERIOR DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO
Años sesenta. Un domingo de invierno, a las siete de la tarde. Una juventud ruidosa que deambula de un lugar a otro en la arteria más importante de Moreda, esperando la apertura de la sala de baile La Bombilla. La calle, que apenas recibe la luz más que difunden los numerosos chigres que la flanquean, consta de edificios bajos y obsoletos. La suciedad es manifiesta debido al omnipresente polvillo del carbón. Otro tanto sucede en La Veguina, paseo principal de Turón, y el mismo panorama se percibe en Mieres del Camino, La Felguera o Sama. Dando un salto en el tiempo nos situamos en los años noventa con unas condiciones sociopolíticas bien diferentes.
Aquella calle de Moreda, por ejemplo, ha experimentado una inaudita transformación: todas las casas de planta baja fueron sustituidas por otras nuevas de, al menos, tres o cuatro plantas, se mejoró notablemente el alumbrado público y se procedió a la renovación completa del pavimento. Una operación similar se comenzó a ejecutar en el entramado de calles que configuran el área urbana de Mieres del Camino, La Felguera y Sama. Es el momento en que un río de millones empieza a aterrizar en la cuenca minera en forma de «fondos mineros» como compensación a los perjuicios medioambientales ocasionados por la explotación industrial de muchos años y comienza la mejora de las infraestructuras de cada valle (corredores del Nalón y Aller; después vino la comunicación externa a través de la Autovía Minera. Paralelamente, en Mieres se apostó por un importante proyecto: el campus de Barredo que convirtió una «escuela de capataces» en un centro universitario multidisciplinar capaz de admitir hasta 6.000 alumnos invirtiendo 123 millones de euros.
Para comprobar el progreso alcanzado en los últimos años en el valle del Nalón nos damos un garbeo por la zona, llegando por autovía hasta las mismas puertas de Sama. (desde Riaño supuso un desembolso de 30 millones de euros). Sobrepasada la ciudad tecnológica del Valnalón, presenciamos la salida de un relevo de obreros en el pozo María Luisa y en los del Sotón y Carrio sigue saliendo el carbón a la superficie sin solución de continuidad. Sorprende descubrir cómo las actuaciones se reparten a lo largo y ancho de estos municipios, pues en el valle de Samuño se está construyendo un gran museo hullero, siendo la joya de la corona de esta iniciativa el tren turístico minero que unirá El Cadavíu y el pozo San Luis. No menos importante será que permitirá enlazar el corredor del Nalón con la Autovía del Cantábrico en diez minutos. Nos referimos a la llamada «Y» de Bimenes que, ya absorbió 164 millones de euros. Ello no obsta para que el concejo de Langreo tenga en cartera nuevas ideas como el hospital de parapléjicos de Barros, que empleará a 150 personas, y el tren-tran para las conexiones interurbanas en la que se invierten 50 millones de euros para el soterramiento de vías de Feve entre las estaciones de Sama y La Felguera. Todos estos lugares han sorteado la crisis minera de la mejor manera posible, después de tantos años de sufrir penalidades sin ver nunca ningún tipo de recompensas. También aquí, en Turón, en lo que a sacrificio se refiere, tenemos una crónica intensa y extensa.
Para hacernos una idea de todo el carbón extraído en siglo y medio de beneficio de su rico venero, diremos que se necesitaría un camión de 25 toneladas saliendo cada 20 minutos, día y noche, ininterrumpidamente, durante 150 años. Turón, pues, no es un valle cualquiera. Ahora, si queremos saber cómo se encuentra este territorio en la actualidad, solo tenemos que acercarnos a La Veguina un día al azar, a ser posible por la tarde, y observaremos con sorpresa que morfológicamente la calle se encuentra igual o peor que hace cuarenta años: algunos edificios derruidos dejan paso a unos solares cuyo único ornato son las ortigas y el «xabú»; en el aspecto humano, se inhala tristeza por doquier. La causa de todos los males es que en 1990 teníamos mil empleos frente al escaso medio centenar de hoy en día. Para analizar el teorema de Turón, las escasas obras que aquí se realizan nunca debemos considerarlas en términos absolutos, pues «los árboles no nos dejarían ver el bosque». Hay que relativizarlas siempre, es decir, cuantificarlas y luego compararlas con un referencial que en este caso son las llevadas a cabo en lugares cercanos ya citados y con una historia análoga a la nuestra, sin pretender ninguna confrontación con ellos, pues son nuestros hermanos en el sentimiento y nuestros homólogos en el sacrificio.
Fundamentalmente, para sacar del estancamiento este valle se precisa un proyecto ilusionante. Idea que debería gravitar en el sentido de los siguientes vectores directores: 1) Importante mejora de las infraestructuras. 2) Fomento del turismo aprovechando tanto sus recursos naturales como su arqueología industrial. 3) Creación de empleo. Entre las necesidades que se englobarían dentro de ese «plan general» estaría un moderno centro de salud, sustituto del actual, verdadera zahúrda cuya ubicación podía estar en el antiguo colegio lasaliano que también podría servir de alojamiento a un geriátrico o una escuela infantil o un departamento de atención al ciudadano o a la Junta de Distrito prometida en no se sabe cuántas elecciones? La condición sine qua non para la promoción del empleo es disponer de suelo industrial, para lo que se necesitaría proceder al vaciado de todas las escombreras existentes a pie de carretera. Pero a esas montañas de estériles, verdaderas heces de las explotaciones mineras, se les está dando un tratamiento totalmente contrario al que proponemos como hicieron en la de L'Arquera desplazando el escombro hacia abajo; luego esos excrementos los ocultan con una capa de tierra vegetal. Esta actuación sólo persigue achicar los pocos espacios libres que aún existen para cercenar toda posibilidad de progreso.
Como de si un grupo de malévolos delineantes se tratara, han trazado rectas y sinuosidades por los cuatro puntos cardinales, es decir, han llenado el territorio de senderos surrealistas, en definitiva, constriñéndolo todavía más si cabe. Su conducta es la de aquel estudiante de geometría descriptiva que a fuerza de dibujar rectas y curvas parabólicas sin orden ni concierto, acabó por cargarse la lámina. La eliminación de la escombrera de La Vegona, por ejemplo, permitiría recuperar una superficie de una hectárea en la que podría levantarse una residencia de ancianos de 150 plazas que generaría cerca del centenar de puestos de trabajo. Ante estas obras de cierto calibre responden con evasivas: «Aquí no se puede; allí está muy lejos». Pero, claro, Figaredo estaría a 10 minutos de Urbiés si se convirtiera la carretera en una vía rápida, según ha sugerido la Universidad. Pero nuestros mistificadores exclaman ante ideas semejantes: «Aquello es un sueño; esto, una locura».
Otro asunto muy conveniente sería favorecer la creación de un complejo hostelero-deportivo por debajo de las naves que Hunosa instaló en Polio, mas al hacer estas proposiciones nos tildan de localistas cuando nuestros regidores se han caracterizado siempre por su fiebre centralista que se simboliza en un cartel que reza así: «Mieres (del Camino) para vivir», mientras la realidad de nuestro valle es «Turón ni para morir/ pues ni siquiera un geriátrico/ han querido construir»; en cambio, estaban interesados en situar una perrera por aquellos parajes. Será para que tomen el aire todos los canes del municipio abandonados por sus dueños. ¡Pobrecitos!
No queremos concluir este rápido análisis -que se hace escueto por consideraciones de espacio- sin resaltar que por exponer la realidad desnuda de Turón como venimos haciendo desde hace bastantes años, han tenido la poca categoría humana de tratar de descalificarnos en determinados cenáculos. Quieren que aplaudamos cuando vienen a inaugurar diversos «caminitos» o, si no, que nos callemos. Nos callaremos. Pero pensábamos que debían de estar a las duras y a las maduras, que para eso les mantenemos con nuestras contribuciones. Para el final queremos dejar bien sentado que somos conscientes de que las calamidades que aquejan a esta tierra no son producto de la mala gestión de una persona, sino de muchas, sin importarnos de ningún modo su tendencia ideológica. Simplemente vamos a favor de Turón. Ése ha sido siempre nuestro estímulo, nuestro afán, la razón de ser de nuestros escritos, nuestra única línea de conducta.