Mieres / Langreo,
Antonio LORCA / L. M. D.
En el mes de febrero las Cuencas registraron la cifra de paro más alta de la última década, superando el listón de los 13.000 desempleados. Esta situación lleva emparejada el aumento de las peticiones de ayuda a las principales organizaciones de auxilio social: Cruz Roja y Cáritas. También los servicios sociales de los Ayuntamientos han visto como cada vez más gente llama a sus puertas, pero ya no hay tanto dinero como antes para ayudarles: las vacas flacas también afectan a la Administración local, que debe derivar muchos casos a las organizaciones de ayuda. Desde Cruz Roja y Cáritas se explica que, en general, la cantidad de gente que reclama ayuda es cada vez mayor y con problemas más graves y dramáticos. Hay casos de personas que hace unos años eran «clase media» y que ahora solicitan comida para poder seguir adelante. Pero a quien más afecta la crisis es a la gente que ya estaba en una situación difícil. La población inmigrante sigue siendo la más afectada. Las redes familiares también ayudaban a solucionar los problemas, pero el aumento del desempleo ha provocado que estas redes comiencen a romperse.
En la comarca del Caudal, la presidenta de la Cruz Roja de Mieres, Sedalina Rodríguez, pone como ejemplo de la situación uno de los casos más dramáticos que han vivido en estas últimas semanas: «El día de la nevada estábamos en una casa en la periferia de Mieres. Nos había llamado una familia con un niño de 2 años y la madre embarazada (al día siguiente dio a luz). Les llevamos bombonas de gas, una estufa y algo de comida. Nos llamaron porque tenían mucho frío y después nos dimos cuenta de que si nos hubiéramos retrasado media hora los accesos hubieran quedado cortados y la situación de la familia hubiera sido dramática», relata. En cifras, Rodríguez estima que la ayuda de emergencia ha pasado de ser solicitada por «dos o tres familias al mes a hacerlos, como poco, por tres a la semana».
La presidenta de la Cruz Roja de Mieres afirma que las peticiones son de todo tipo: «Familias que tienen que llevar a los hijos a revisiones a Oviedo, pero necesitan que les demos algo para el bono del tren o del autobús porque no tienen nada». El hecho más positivo es que, además de que se mantienen las aportaciones de los socios, «está apareciendo la figura del benefactor particular, que en momentos puntuales pagan la factura de la luz, de la calefacción y del alquiler a algunas familias que están en situaciones límite».
En Langreo, las cifras hablan por sí solas. Cruz Roja repartió a lo largo de 2009 más de 22.000 kilos de comida entre familias necesitadas, en tres entregas, en mayo, noviembre y diciembre. En la última de estas entregas participaron unas 140 familias, buena parte de ellas numerosas. A lo largo del año han sido 153 familias distintas las que se han beneficiado de este programa de ayuda social. Pero la labor de Cruz Roja de Langreo no se queda ahí: presta apoyo a 53 inmigrantes del concejo, con los que lleva a cabo talleres de idiomas y de empleo. Se trata de uno de los sectores de la población «más golpeados» por la crisis. De la ayuda que proporciona Cruz Roja también dependen 281 drogodependientes, usuarios del servicio de metabús y, en muchos casos, de los programas de ayuda alimentaria. La crisis económica «ha incidido negativamente sobre todo en los colectivos más desfavorecidos de la sociedad, y esto obliga a todos a aumentar las ayudas que proporcionamos», explica Ángel Luis García, presidente de Cruz Roja de Langreo.
La Asociación Manos Extendidas trabaja sobre todo con inmigrantes. Les dan alojamiento en los pisos que tienen en Mieres y en Oviedo e intentan ayudarles a que encuentren trabajo. También hacen labores de integración y les enseñan el idioma. Este colectivo está sufriendo el agravamiento de la situación económica: «Cada vez hay más gente y menos recursos», explica Ana Sánchez, psicóloga de la asociación, que explica que «la gente tarda cada vez más en salir de los pisos porque no encuentran trabajo». «Antes en 3 meses salían y ahora hay veces que están entre 6 y 8 meses y aún así cuesta que salgan», dice. A su vez, explica que para «la gente que viene de fuera y no tiene redes de apoyo la situación es mucho más difícil». «A mí si la situación se me complica siempre puedo volver a casa», apunta.
Pero también estas redes sociales están empezando a fallar: «Muchas veces quién te podía ayudar antes ahora ya no. Está todo el mundo tan mal que cuesta», explica la psicóloga. Este hecho también afecta a las donaciones que reciben: «Se nota que están descendiendo mucho, antes 20 euros no era nada y ahora son mucho. Si no tienes dinero para ti, difícilmente lo vas a poder dar para otros».
Por su parte, el párroco Alfredo De Diego Braga, que gestiona la oficina de Caritas de Turón, confirma que «de un año a esta parte los casos han aumentado mucho». En su oficina se gestionan una docena de casos, «de gran necesidad», dice De Diego. Aunque muchos de ellos son «crónicos» y se arrastran desde hace tiempo, «sí ha habido casos de personas que se habían quedado en paro y que han venido a solicitar ayudas puntuales». Este párroco explica que, además de los casos que atiende en Caritas, está lo que se percibe en la calle: «En el pueblo se está viendo cada vez más gente de mediana edad en paro». «Cada vez te llegan al oído más situaciones de este tipo», dice. Los ingresos con los que se mantienen los programas de Cáritas vienen, en su gran mayoría, «de los fieles». «Está habiendo bastante solidaridad. Hay unos cuantos que mantienen la colecta cada fin de semana», dice. Aunque reconoce que siempre hay casos, como en el del número de lotería premiado que se vendió en su parroquia, en el que hubo gente que le dijo que «hubieran dejado el dinero pero mis hijos están en paro», cuenta.
En la cuenca del Nalón, la situación también se ha agravado en los últimos meses. Así lo afirma el párroco José Antonio Couso Fontériz, responsable de Caritas de Langreo. «La gente que está llegando a pedir las cosas más elementales, como alimentos o ropa, y que no puede pagar ni la hipoteca ni la luz de su casa se está duplicando», dice. En opinión de Couso, en las zonas industriales como puede ser Langreo «tarda más en llegar la crisis, pero ahora que ha llegado está desatada, se palpa más que en muchos otros lugares». «La crisis ni se notaba hace seis meses y ahora la cola de Cáritas es cada vez mayor», explica. «No son los de siempre, cada vez hay más familias de clase media que hasta ahora nunca antes se habían visto obligados a acudir a Caritas». Couso coincide con otras organizaciones en afirmar que los más vulnerables en estas situaciones son los inmigrantes. «Los que más acuden son los inmigrantes aunque también hay muchos casos de mujeres separadas con hijos o gente que perdió el trabajo y está en paro, con una red familiar que ya no te puede arropar más porque empieza a carecer de recursos suficientes». Otro de los aspectos que destaca este párroco es la solidaridad que está demostrando la gente. «Encuentro que las aportaciones de la gente están siendo enormemente solidarias. Si se hacen colectas para Caritas responden mejor que en otros momentos», explica. «Han crecido los problemas y también la solidaridad», sentencia.
Sin embargo, no en todos los lugares la crisis se palpa tanto como en Langreo o Mieres. El presidente de la Cruz Roja de Laviana, Bernardino Otero, afirma que la situación actual en la agrupación, que abarca desde San Martín del Rey Aurelio hasta Caso es similar a la que había hace un año. «Únicamente se ha notado un poco en San Martín, donde se ha aumentado algo el reparto de alimentos a familias», apunta. Afortunadamente, la solidaridad de la gente no se ha venido abajo. «Este año hemos aumentado el número de socios, somos ya unos 800, más que nunca».