Con otro acento

Reflexiones a partir de la clausura de las X Muestra de Cine y Documentales Iberoamericanos en Langreo

11.05.2010 | 14:16
Clausura de las Jornadas Documentales. En la mesa Alicia Sangues, de Pro Documentales, Galo Chiriboga, embajador de Ecuador; Augusto Zamoras, embajador de Nicaragua; Esther Díaz y Javier Junceda, cónsul de Perú / f. rodríguez
Clausura de las Jornadas Documentales. En la mesa Alicia Sangues, de Pro Documentales, Galo Chiriboga, embajador de Ecuador; Augusto Zamoras, embajador de Nicaragua; Esther Díaz y Javier Junceda, cónsul de Perú / f. rodríguez

Hace más de quinientos años, tres carabelas partieron del puerto de Palos para, según cuenta la Historia oficial, encontrar una ruta más corta hacia las Indias. Aunque también es cierto que hay otras versiones menos aventureras, aleatorias y más sibilinas. Meses después, y tras varios intentos de motín, Rodrigo de Triana quedaría para la posteridad con su «Tierra a la vista». Aparte de salvar la vida del almirante Colón y justificar los penares del viaje, significó el inicio, la desgraciada y pútrida génesis de lo que hoy conocemos como globalización. Ya en nuestros días, y durante estos últimos quince días, ha sido la Cultura Hispanoamericana la que nos ha visitado para darnos a conocer su existencia real, más al sur del Imperio «yanki», porque al sur del Río Bravo también hay vida, plural, diversa y con derecho a desarrollarse. Y todo porque el Ayuntamiento de Langreo tuvo la idea de albergar en su seno la «X Muestra de Cine y Documentales Iberoamericanos».

El pasado viernes, después de la siesta, en la Biblioteca de Sama, como colofón de la misma, unos pocos fuimos afortunados al escuchar a los embajadores de Nicaragua, Ecuador y el cónsul de Perú. De sus almas, entendimos la realidad en la que vive el cono sur del continente Americano, o tanto monta, del resto del mundo. Calentito y de primera mano, porque lo contaban sus propios protagonistas, sin intermediarios. Todo mucho más cruento y triste, para los que tengan sentimientos, que lo que la Economía nos mostró, la falacia del modelo «neocon», o la Antropología nos descubre, la necesidad de entender las culturas singulares, particulares y propias de estos países, con la misma capacidad para existir que la que postula la Democracia liberal emanada y destilada desde el mercado. «¡ Pa quedarse frío...!» fue oír cosas como que menos del 10% de las escuelas en Nicaragua tienen electricidad -lógico "paez" que el cura, "nacíu" en "Les Roces", Gaspar García Laviana, dejase el cáliz y cogiese la metralleta, aunque en su filosofía de vida, no tuviese cabida matar- y que otro tanto ocurre en Argentina, en el ruris de la Pampa, lejos de la «porteña» Buenos Aires. Conclusión de los insignes representantes de los ciudadanos hispanoamericanos, en nuestra España, es que la mentira está en que exista globalización, porque todos sus países están descolgados. Por no tener, su población, carece hasta de internet, bibliotecas o capacidad para echarlas a andar. El resto del mundo, «¿civilizado?», hace oídos sordos a su clamor, y nosotros como parte de éste.

Néstor García Canclini, inicia su libro «Diferentes, desiguales y desconectados» con una frase del antropólogo Clifford Geertz: «Si no conoces la respuesta, discute la pregunta», y lo triste es que el Sur, la Periferia del planeta, lleva mucho tiempo planteándonosla. Y seguimos tranquilamente sordos con el mundo pobre cada vez más desestructurado. ¡Aviso a navegantes!, no olvidad que en el primero, también se recrea la injusticia del desprecio al prójimo y el cuarto umbral ya es más que una «jodida» realidad. ¡Pero... hasta que no os toque... tranquilos nenes, no sufráis...!. Eso dejadlo a otros, porque con colaborar con las ONG en Navidad o para deducir de Hacienda tenemos bastante, llenita nuestra conciencia como la panza después de una copiosa cena.

Hay por contra, quienes como Isidoro Moreno hablan de un término cuyo significado, desde mi punto de vista, tiene muchas posibilidades de futuro, la «Glocalización». Nace de la globalización de las culturas locales como alternativa al sistema de los «siete sietes» -invento mío que, como tal, no tiene significado más que el de los siete grandes y el mismo número de instituciones internacionales, entre ellas el Banco Mundial, que arañan más tierra para el modelo neoliberal-. Mientras no se actúe de esta manera, la cooperación de los Estados poderosos seguirá significando la limosna que se da al necesitado, cuando no una nueva y sibilina forma de colonización. Triste, pero real, como la vida misma. Pero como en los cuentos de Astérix y Obélix, siempre habrá una aldea, en alguna parte del tupido bosque que luche contra el «césar» o escondido entre las nebulosas, un escuadrón al mando de «Skywalker», presto a darle la batalla a «Dark Bader». Y merece la pena, ¿no os parece?.

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