Javier García Cellino: «La disidencia todavía sigue siendo castigada»

La Fundación Andreu Nin inició sus actividades en Langreo con la proyección del documental «Doblemente olvidados»

11.05.2010 | 14:16
En la mesa, por la izquierda, José A. Vega, Javier G. Cellino y Boni Ortiz.
En la mesa, por la izquierda, José A. Vega, Javier G. Cellino y Boni Ortiz.

Langreo, J. A. VEGA

Disidencia y respeto a la pluralidad de ideas junto con ánimo para participar y debatir dentro del mayor respeto. Con esas premisas fue presentada la Fundación Andreu Nin en Langreo. El acto, celebrado en la Casa de Cultura «Alberto Vega» de La Felguera contó con una notable asistencia de público que escuchó las palabras de los miembros de la Fundación Javier García Cellino y Boni Ortiz y visionó el documental «Doblemente olvidados», biografía del último gran militante y dirigente del POUM, Wilebaldo Solano, que comenzó su combate militante durante la II República, continuándolo durante todo el exilio en Francia.

Javier García Cellino hizo un breve recorrido por la historia del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista), que fue creado en Barcelona en 1935 y comentó que «hablar del POUM es referirse a una historia de la infamia» porque quienes mostraban alguna discrepancia eran inmediatamente acusados de ser agentes imperialistas. El partido criticó la degeneración burocrática y totalitaria de la revolución rusa de la mano de Stalin y fue ilegalizado y perseguido a partir del verano del año 1937, con el asesinato de dirigentes como Andreu Nin. Cellino dijo que hay dos teorías sobre lo ocurrido, la primera es un recurso fácil a la condición humana bajo el lema «no quedó mas remedio de hacer lo que se hizo» y la otra es un hilo continuista entre la actitud de Lenin y Stalin. Cellino insistió que esta segunda opción hace que la revolución de octubre quede descontextualizada porque no es verdad que el estalinismo fuera una variante del comunismo, sino el inicio de la contrarrevolución.

Relacionó lo sucedido hace 70 años con la actualidad en la que vivimos un teatro de sombras que aparecen en el centro de la pantalla, pero que deforman la realidad, porque los personajes reales están arrinconados. «La disidencia sigue siendo castigada hoy en día y se penaliza con el ostracismo a quienes opinan de manera diferente, es otra forma de exterminio». Por eso concluyó su repaso diciendo que es necesario «combatir la herencia y las consecuencias del totalitarismo en cualquier lugar del mundo y en todas sus manifestaciones».

Boni Ortiz repasó la historia de la Fundación que se formó en año 1987 como consecuencia de una serie de encuentros de la Universidad de Barcelona. La Fundación organizó el pasado año los III Encuentros Estatales en Gijón y a partir de ese encuentro se formó un pequeño colectivo en Gijón que se está extendiendo a Langreo y Avilés. Ortiz aclaró que el objetivo de la Fundación no es reconstruir el POUM «porque no tiene sitio en estos momentos». Su tarea consiste en «recuperar militantes e historias pero no con el propósito de hacer relicarios ni escarbar en viejas heridas sino para ver de qué manera puede servir hoy».

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