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De creencias y odios

Hay diferentes niveles de animadversiones que no son únicamente patrimonio de los adultos

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De creencias y odios
De creencias y odios  

CARLOS BARROS
DIRECTOR DE RADIO PARPAYUELA
Yo siempre creí que no se podía llegar a odiar algo en lo que no se cree, pero hace unos días, no sé si hubo causa efecto o un cúmulo de casualidades, pero al momento de desayunar y escuchando a Zapatero decir que a partir de mañana todos deberíamos meternos dentro de un par de tallas menos, se me cayó las tostada al suelo por el lado de la mantequilla, a partir de ese momento odié a Murphy y a su ley en la, por otra parte, nunca había creído.

Más cercano ha sido en los días otro ejemplo singular, y me ha ocurrido viendo salir a Baltasar Garzón de la Audiencia Nacional después de que el Consejo General del Poder Judicial lo expedientase, fue entonces cuando me di cuenta que estaba odiando a la justicia en la que, además, nunca había creído.

Y así experimentado lucubraciones entre la vigilia y el sueño, que es cuando mejor se me da, me dio por pensar por qué me estaría pasando exactamente igual, tanto con las personas como con Dios, cierto es que ya no creo ni en unos ni en otro, y eso que hasta hace poco andaba yo, bondadoso como soy, en trámite de gestación con ese asunto del odio.

El artista granadino Fernando Bayona, autor del trabajo Circus Christi, me decía hace poco, que los mismos que hace apenas unos años le señalaban con el dedo y le insultaban calificándole como la mariquita del pueblo, son los que le ponen, ahora que es famoso, una alfombra roja al llegar al sitio donde creció, por eso odio la hipocresía y por ello a las personas en las que, huelga decir, nunca creí.

En cuanto a Dios, miren por donde me está resultando más difícil, y me explico, la razón no es otra que me es muy complejo fijar bien el objetivo, los cazadores saben de lo que hablo, eso de que está en todas partes me produce desasosiego, no puedo odiar todas las cosas de este mundo, y me entenderán si les digo, que de la misma forma que me resultaría cómodo detestar un circuito electrónico, se me haría complicado aborrecer una caldereta de marisco, por eso mismo no creo que haga trampas si encuadro la mira hacia en el papa, al fin de cuentas, es la palabra de Dios en la tierra.

Pensarán ustedes que miento, pero a pesar de no creer en él, le he dado oportunidades suficientes para no odiarlo, pero nada, es imposible, y es que este hombre de vez en cuando se descuelga diciendo perlas como ésta «los homosexuales son una grave amenaza para la humanidad», díganme, por favor, si es para quererlo o para...

De cualquier forma, como nada hay escrito en este mundo en cuanto a los colores absolutos, me he percatado que existen diferentes niveles de dogmas y de animadversiones y que éstos, ni mucho menos son patrimonio de las gentes adultas que pudieran haber cruzado ya el umbral del desengaño.

Lo digo, porque hablando no hace mucho con dos personas jóvenes, se mofaban sin rubor de los homosexuales y debido a que la edad me daba una cierta ventaja, les hablé del peligro que entrañaba la burla, y de que ésta no es más que la primera de las muñecas de la matrioska, la capa exterior de una cebolla que recubre un corazón lleno de odio.

Y a pesar de que nunca es demasiado tarde para nada, sentí que la culpa de que aquellos jóvenes pensasen así me correspondía también a mí, y que me sentiría muy aliviado si alguien estuviese dispuesto a compartirla conmigo.

Y termino, les voy a contar lo que pienso y en qué pienso. Lo que pienso, es que ojalá no existiese el Día Internacional contra la Homofobia y no tuviésemos que asistir a las charlas como la que Carla Antonelli, la actriz y activista y Mané Fernández Noriega, coordinador de Xega, van a dar el jueves en la Casa de la Cultura de Mieres hablando de desigualdades, diferencias y de la realidad homosexual hoy. En quien pienso, es en un o una adolescente que se siente desgraciad@ porque sabe que es gay, lesbiana, bisexual o transexual y que tiene que vivir, si o si, en este mundo intolerante y cruel al que me gustaría que no llegase nunca a odiar y en el pudiese depositar, sin reservas, todas sus esperanzas.

Hasta entonces, seguirá siendo necesario acudir a actos como el de la Casa de la Cultura de Mieres el jueves a las siete y media de la tarde. El título lo dice todo «Hacia la igualdad real. Contra cualquier tipo de discriminación. La realidad homosexual y transexual hoy». Espero verles.

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