CARCLOS CUESTA
La consecución de la copa del mundo de fútbol para España era una acción necesaria y reconfortante para lograr ese ánimo y ese orgullo que nos faltaban como nación. La victoria de la selección española frente a Holanda ha significado una auténtica gesta y un empujón directo a nuestro punto de estima. Ahora somos más felices, más unidos, más españoles y la emoción de ser campeones del mundo, algo insospechado hace décadas, cuando nuestra selección en los campeonatos internacionales quedaba apeada a las primeras de cambio y no había solución de continuidad.
El combinado español ha jugado todo el mundial con notable cohesión, cargado de unidad y con una disciplina digna de los mayores elogios. Esa realidad y el deseo de victoria fueron hechos fundamentales para albergar ese gran sueño cristalizado en la copa del mundo. Vicente del Bosque hizo verdaderas apuestas en la estrategia deportiva y con su estilo y razonamiento cumplió como un general en la batalla decisiva. Todo un éxito y una manera de ver la vida a través del balompié.
El triunfo total en este complicado campeonato premió a quién más se esforzó y trabajó por él. Y la Roja como ahora llaman a la selección, cumplió con creces con su papel de equipo favorito. En todas las líneas de juego, los deportistas actuaron por el libro del mejor fútbol, se entregaron como auténticos héroes, dominaron el centro del campo, se cerraron con nobleza en la defensa y rompieron barreras en la delantera con pases medidos y certeros, siendo el cancerbero Casillas un portal casi inexpugnable. Por este éxito grandioso, los ciudadanos españoles se sienten cada vez más identificados con un equipo completo que juega al fútbol con alegría, estilo, técnica y pundonor. Y todo ese juego vibrante y animoso, junto con la solidaridad, el compañerismo y la humildad, encarnan unos valores que han cautivado a toda la comunidad nacional, a toda la ciudadanía, aficionada o no al deporte rey. La actual selección española ya no es aquel combinado que ante un reto internacional importante quedaba a merced del contrario en un sentimiento timorato y acomplejado. Hoy nuestros jugadores son la esencia del mejor fútbol del momento, con un juego atractivo, vistoso y pleno de convencimiento. Un combinado hecho a su imagen de la mano de Luis Aragonés primero, y ahora bajo la batuta silenciosa y cauta de Vicente del Bosque. La imagen de nuestros jugadores ha quedado impregnada para la historia como un selecto grupo deportivo y preñado de voluntad futura. Todo un ejemplo para nuestros políticos que siempre están a la greña y en continuos y mezquinos fueras de juego. La selección, la Roja, ha unido a todos los españoles con su juego, sus formas, su estilo y su ilusión. La gente se echó a la calle cargada de euforia, banderas rojigualdas y mucho sentimiento nacional. El triunfo histórico ante los Países Bajos nos inunda de orgullo patrio, de volver a ser una nación de verdad y, si es posible, de superar esa crisis económica que nos atenaza y no nos deja vivir. El Duque de Alba ha vuelto en forma de espectro deportivo para llevarnos en volandas a la gloria del fútbol mundial?