RICARDO V. MONTOTO
Tiene su puntito de gracia que obliguen a marcharse al que se quería quedar y que traigan a rastras al que no quería venir. Areces se veía con fuerza para repetir un mandato más, incluso estimulado ante la posibilidad de que enfrente pudiera por fin tener un rival de cierta entidad, pero los suyos le han echado el freno. Hala, tú pa casa, que bastante hiciste ya. Y como recambio, los socialistas asturianos, en vista de la alarmante carencia de repuestos medianamente presentables, tuvieron que bajar a Madrid para traerse a la fuerza a Javier Fernández, que estaba la mar de a gusto en la capital alejado de los enredos pueblerinos, sentarlo en un escaño del parlamento regional y ahora, en el colmo de las desgracias del bueno de Javier, empujarlo para que encabece la candidatura en las próximas elecciones autonómicas. Y él no quería, oiga. Pero la política es así. Si pretendes seguir en esto, haces lo que se te ordene. Y no hay más que hablar. Pero si te pones rebeco y cabezón, te quedas sin esto y sin aquello.
Entre tanto, los cuadros dirigentes del PP se movilizan para que Cascos no venga. Este es un caso aún más interesante porque, conscientes de que con los efectivos disponibles ahora no ganan unas elecciones ni hartos de vino, luchan denodadamente contra la posibilidad de victoria que podría representar el mal encarado Paco que, por su parte, si tiene ganas de volver a Asturias lo está disimulando muy bien. Pero, claro, la dirección popular teme más el retorno de Cascos que el triunfo electoral. Seguramente las bases no opinen lo mismo pero, por si acaso, mejor no preguntar. Conociendo como se las gasta el ex ministro, la operación salida dentro del partido podría ser multitudinaria. Y, claro, hay mucha gente que vive sólo y exclusivamente de esto.
En definitiva, si la resistencia numantina de la dirección regional del PP prospera y Cascos sigue dedicado a sus asuntos, las próximas elecciones autonómicas nos pueden deparar un curioso enfrentamiento en la cumbre: El que no quería venir contra el que no quiere ganar.
Bonito panorama.