el mejor verano de... marisa valle roso
Langreo,
Paula G. RODRIGO
Su voz es su seña de identidad. Con ella canta, transmite y pone los pelos de punta a todos los aficionados a la tonada. Con sólo 22 años, Marisa Valle Roso ya no es una promesa de la canción asturiana, es un referente, avalado por los galardones obtenidos en los principales concursos de la región. Joven como es, recuerda los juegos que hace apenas unos años le ocupaban todo el verano, ahora sustituidos por las numerosas actuaciones musicales que la llevan de pueblo en pueblo por los caminos de la tonada.
«Entre los recuerdos más lejanos que tengo de las vacaciones de verano destacaría los momentos que pasé con mis abuelos en al Parque Nuevo de La Felguera (denominado ahora Alcalde Antonio García Lago). Me gustaba mucho ir allí a patinar», señala la joven. «Otras veces íbamos al prau de La Chalana, en Laviana, a pasar el día junto al río y a merendar», añade. «Y cuando fui un poco más mayor, con unos 11 años, comenzó a gustarme mucho ir con mis amigas a las piscinas de Pénjamo, en La Felguera», dice la cantante, que prefiere la piscina o a las playas «como la de Rodiles, en Villaviciosa, o la Gijón» antes que el río, donde solía ir a «jugar con las piedrecitas», cuenta.
Aunque, sin duda, el punto de inflexión se produjo con la entrada en la adolescencia y con ella la mayor libertad que le daban sus padres. Y entonces fue cuando descubrió el mundo de las fiestas de prau y «las terrazas donde tomar algo con las amigas», explica. Aunque tampoco se convirtió en una rebelde, porque afirma que siempre fue «una niña muy tranquila, más tranquila que mi hermano (y compañero del dúo musical Valle Roso) Fernando», señala.
Lo que más echa de menos de aquellos veranos infantiles son «los tres meses de vacaciones durante los que no tenías preocupaciones. Luego, con la universidad y todo lo demás, seguías teniendo ese largo periodo de vacaciones, pero también había que compaginarlo con los estudios y ya es diferente», comenta Valle Roso.
A los 12 años empezó a cantar tonada («antes cantaba pero no canciones asturianas», aclara) y a partir de ese momento comenzó «a actuar por distintos sitios, sobre todo, durante los meses de verano». Los caminos de la tonada le han hecho recorrer buena parte de la región. Señala que esas actuaciones le han permitido «conocer pueblinos perdidos por Asturias de los que no sabía no que existían». Afirma que «hay muchas cosas que tienes que sacrificar por actuar, pero no me arrepiento de lo que hago», confiesa la joven, que a base de constancia y empeño, además de cualidades innatas, ha ganado prestigiosos concursos de canción asturiana como los de Oviedo, San Martín del Rey Aurelio, Rioturbio (Mieres), Gijón o La Nueva, en su Langreo natal.
De todas formas, afirma que «si pudiera elegir un sitio para pasar las vacaciones de verano no lo dudaría, me gustaría conocer París. Me llama la atención su gente, su comida, creo que hay muchas cosas que ver... todo». La cantante langreana de tonada tiene previstas actuaciones para el mes de septiembre en Barcelona, será después de unos meses de estío llenos de conciertos, de pueblo en pueblo, de fiesta en fiesta, para mostrar su potente y pulida voz.