CARLOS CUESTA
Los políticos, esa palabra de origen griego tan denostada últimamente, son las personas que se dedican a la actividad gubernamental en cualquier ámbito o cuestiones del Estado. Siempre señalé que esa casta o ese grupo de hombres y mujeres agarrados a la bandera de la acción política deberían pasar por un filtro para ejercer esa labor. Casi, casi, realizar una oposición para alcanzar un puesto de concejal, diputado o senador. No es normal que lleguen a esos cargos individuos con poco bagaje cultural, pocas normas de convivencia y la simple herramienta de pertenecer a un partido político. Hay que exigir mucho más a esos padres de la patria. De todas formas, hay ciudadanos muy preparados, nobles, aguerridos, honrados y con ganas de arrimar el hombro en las tareas de la política municipal, autonómica, nacional o comunitaria. Y esa realidad se observa diariamente en los medios de comunicación y en la vida misma. Sin embargo aparecen más en las noticias los políticos envueltos en corruptelas y artimañas aprovechando esa condición especial e influyente en la sociedad.
Habría que creer más en los políticos, a fin de cuentas ellos son los que mueven la acción del Estado y conllevan la fuerza y el destino de un país. No obstante, algunas de sus actuaciones dejan mucho que desear y nos obligan a ver en ellos a personas poco fiables y aprovechadas. Esos estómagos agradecidos que están ahí por una circunstancia y que al menor atisbo de influencia se dejan arrastrar empujados por el poderoso caballero don dinero.
En España hay buenos políticos sin duda alguna, aunque no es la época de la Restauración ni de la primera República, hoy todavía podemos vislumbrar personajes con un recorrido en las cosas del gobierno y del Estado muy edificante y loable que dan al ambiente político un poco de ánimo y oxígeno. Pero pensándolo bien yo me pregunto: ¿ Para qué sirve un político en estos tiempos de crisis, problemas coyunturales, desempleo, tensión en los mercados, desesperanza y en muchos lugares gazuza y pobreza? Me gustaría encontrar una respuesta clara y concisa. Pues a lo mejor sirve para ofrecernos claridad de ideas, aplicación de leyes capaces de mayor consenso, entendimiento con los empresarios y sindicatos y métodos expeditivos para superar el paro galopante que nos ahoga diariamente. Y los políticos deberían tener claro que están sujetos a lograr acciones que mejoren el ámbito de la sociedad, a servir a los ciudadanos y no al revés. Basta ya de aprovechados y vulgares papanatas que sabiendo como está el país de delicado, muestran sus ínfulas despiadadas y aparecen ante el respetable con exigencias de vividores. Espero que a partir de ahora las prebendas queden olvidadas en el cajón de la memoria y los justos privilegios de ser padres de la patria queden recortados notablemente y no los sueldos de los funcionarios junto con la congelación de pensiones. Hay que llevar al país al lugar que le corresponde en el área de influencia europea. Entre todos podemos y debemos alcanzar cotas de nivel económico con buena gestión política, responsabilidad, sentido común y no dilapidando por doquier pensando que éramos ricos y poderosos. Y los buenos políticos están para lograr esas pretensiones, trabajando con sapiencia, credibilidad y buenas prácticas. Los corruptos hay que abandonarlos a su suerte y lanzarlos al abismo de la indiferencia. Con el dinero público no se juega y su distribución equitativa dice mucho de la casta de un político y de la propia organización que lo sustenta. Si Platón levantara la cabeza quedaría perplejo y asustado de tanta inmundicia parlamentaria. Sus escritos filosóficos con derivación hacia la política son una guía imprescindible para la ética de cada día y muchos políticos de este país tendrían que volcarse en ellos para ayudarlos a enfrentarse con los dilemas morales que la vida plantea cotidianamente. ¿Para qué sirve un político? Usted mismo.