MARCOS M. MERINO | Director de la película "ReMine. El último movimiento obrero", que se estrena en Asturias en el Centro Niemeyer

"Han aniquilado el movimiento obrero en Europa: Asturias es la última aldea gala"

"Como la política o el periodismo, el sindicalismo está sufriendo un proceso de reinvención muy grave"

22.10.2014 | 04:17
El director Marcos M. Merino, durante la conversación, ayer, en la cafetería del Centro Niemeyer.
El director Marcos M. Merino, durante la conversación, ayer, en la cafetería del Centro Niemeyer.

Marcos M. Merino (Gijón, 1973) es el director de la película "ReMine. El último movimiento obrero", un emocionante largometraje en el que narra desde dentro la huelga indefinida de la minería en el año 2012, cuando el Gobierno de España cerró cualquier posible negociación sobre los recortes de más del 60 por ciento hechos al Plan Nacional del Carbón. La película se estrena el próximo día 10 de noviembre en el Festival de Cine Europeo de Sevilla y el 16 se proyectará en el auditorio del Niemeyer. También llegará a las Cuencas. En el estreno asturiano del largo participarán muchos de los protagonistas de las últimas movilizaciones obreras en España. Merino es licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad Complutense. Durante más doce años trabajó en la sección de Economía de Informativos Telecinco. Ha vuelto a Gijón después de su paso por el valle de Turón.

-¿Por qué decidieron hacer una película sobre las movilizaciones de 2012?

-Marta F. Crestelo y yo somos pareja. Ella es la productora del documental y coguionista conmigo. Un día decidimos cambiar de vida. Trabajábamos en televisión, en noticias, en informativos, en Madrid. Decidimos cambiar todo aquello y hacer películas. La primera que teníamos clara era esta: la de las movilizaciones obreras asturianas. Siempre había trabajado haciendo noticias de economía. Éramos conscientes del fin de la minería y Marta es una apasionada de la historia de Asturias y del movimiento obrero. Bueno, pues no lo pensamos dos veces. Cogimos las maletas y nos vinimos con las maletas para Turón, en la cuenca minera. Estuvimos siete meses ahí conociendo y entendiendo el mundo de la minería porque, claro, yo llevavaba muchos años fuera.

-Y estalló entonces la huelga.

-Coincidió. Durante aquellos siete meses nos entrevistamos como con doscientas personas, lo leímos todo, vimos toda la filmografía que había sobre la minería y sí, de repente, estallaron las movilizaciones. La señora productora vino con una cámara a casa: "Colega, te vas a grabar y empezamos la película. La tenemos delante". Cogí y estuve día y noche con ellos. Como habíamos hecho todo el trabajo previo de documentación sabíamos lo que queríamos contar: teníamos claro que lo más importante eran las emociones, mostrar qué distinguía a estos hombres de los del resto de España y del mundo. Ahí enfocamos. Luego fue un trabajo de ir poco a poco adentrándome en el grupo y el resultado final ha sido "ReMine".

-¿La de 2012 fue la última huelga?

-Esto es impredecible. La minería ha sufrido un proceso de desmantelamiento muy grande y los mineros cada vez tienen menos herramientas y capacidad de movilización. Sólo quedan 2.500 mineros y cuando terminó la huelga eran 4.000. Estamos hablando de que falta casi el 50 por ciento de los empleados, sobre todo en la minería privada, que se ha desmantelado prácticamente. Cuanto menos ejército tienes, menor es tu capacidad de protesta.

-El subtítulo es "El último movimiento obrero".

-Nuestra obsesión era documentar al único grupo que mantiene el comportamiento del movimiento obrero tradicional en Europa. Antes estaba en Alemania, Inglaterra, Francia, formado casi siempre mineros, en algunos casos por siderúrgicos, pero ya no existe. Los mineros son los que construyeron el Estado del bienestar, pero han sido aniquilados en todo el continente.

-¿Y qué pasa en Asturias?

-Nos lo decían en Rusia: Asturias es la última aldea gala de la minería.

-Lo del "último movimiento obrero" lo dice un delegado sindical.

-Sí, lo dice uno de ellos en un pozo y nos sirve de título. Un guiño.

-¿Cómo se metió en las batallas, en la marcha a Madrid?

-La experiencia en televisión me ayudó mucho: labores de producción, hablar con este, con aquel, pero, sobre todo, mucho respeto. Ha sido más importante el tiempo que estuve sin grabar del que estuve grabando, de cara, sobre todo, a ir entrando poco a poco en el grupo. La idea era que me conocieran y me abrieran sus puertas. Luego fue muy importante el fotógrafo Javier Bauluz. No lo conocía de nada y eso que vivíamos en el mismo edificio. Me enseñó a colocarme en los conflictos para no recibir golpes.

-¿Ha muerto el sindicalismo?

-Como la política y el periodismo, está sufriendo un proceso de reinvención muy grave.

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