09 de octubre de 2016
09.10.2016
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Un reconocimiento institucional que cumple diez ediciones

Empresas de éxito con sello de mujer

Ocho de las nueve firmas galardonadas desde 2007 con el premio "Emprendedora de Langreo" siguen en activo y dan empleo a medio centenar de personas | Las promotoras destacan la dificultad de conciliar la vida familiar y la laboral y ven con inquietud el futuro del tejido económico de las comarcas mineras

09.10.2016 | 13:02
Por la izquierda, Yolanda Alonso, Lorena Fernández, Lorena Veiga, Sheila García, Carmen García, Miriam Cabanillas y Patricia Alonso, en la ciudad tecnológica de Valnalón.

Un hotel rural, una firma de organización de eventos, una tienda de decoración de interiores, una consultoría, una zapatería infantil, una oficina de ingeniería, una empresa de atención domiciliaria a personas mayores, una huerta ecológica y un lagar de sidra. Estas nueve iniciativas empresariales, todas ellas impulsadas por mujeres, forman la nómina de proyectos galardonados con el premio "Emprendedora de Langreo", instaurado por el Ayuntamiento en 2007 y que este año cumple su décima edición. Ocho de las nueve empresas distinguidas siguen actualmente en marcha y dan trabajo a medio centenar de personas, tras sortear los embates de la crisis y adaptar su oferta a las necesidades de un mercado cambiante.

Tras esas nueve empresas hay otras tantas mujeres que decidieron lanzarse a la aventura de trabajar por cuenta propia. Todas ellas coinciden en señalar las mayores dificultades que, en la sociedad actual, supone conciliar vida laboral y familiar cuando se es mujer y empresaria. También critican la excesiva presión impositiva que sufren los autónomos, analizan con inquietud el futuro económico de las Cuencas y resaltan que la capacidad de planificación y la constancia son valores que suelen estar presentes entre las emprendedoras.

Aldamara González (2007). Esta joven de 36 años recibió en 2007 el primer premio "Emprendedora de Langreo" con Adapta Soluciones, una firma con media docena de empleos centrada originalmente en la protección de datos que fue evolucionando hacia el asesoramiento fiscal y contable, y que también funciona como agencia de colocación. González es madre de una niña de cuatro años y reconoce que, en ocasiones, es complicado compaginarlo todo. "Tu jornada laboral no tiene un límite determinado. Es cierto que tengo flexibilidad si, por ejemplo, un día tengo que llevar a mi hija al médico, pero también tienen que echarle más horas que una persona que trabaje por cuenta ajena", explica esta langreana, para quien la "capacidad de planificación y organización" son dos cualidades que suelen ir asociadas a las mujeres empresarias.

Sheila García (2008). La crisis se llevó por delante la zapatería infantil Caracola, el negocio que Sheila García, natural de Riaño y residente en La Felguera, puso en marcha en 2007. La experiencia como empresaria duró siete años, hasta 2014. "Si, por ejemplo, vendía cinco pares de zapatos al año a una persona determinada pasaron a ser dos o uno. Tenía clientes que eran pareja y que se quedaron los dos en el paro", indica García, para añadir a continuación: "Otro problema grande son las tasas e impuestos tan elevados que pagas como autónomo, que se suman a los gastos fijos de alquiler o luz, vendas o no vendas". Esta joven de 35 años se está formando ahora como peluquera para reorientar su actividad laboral. "Tenía mucha ilusión de montar mi empresa y lo cumplí. Tenía claro que no quería endeudarme para seguir con mi negocio si la cosa no salía bien".

Carmen García (2009). Ayalga Interiorismo es una tienda de decoración de interiores regentada por María del Carmen García Cancio. En 2008, cuando la crisis empezaba a dejarse notar, esta vecina de Sama de 46 años renunció a un empleo por cuenta ajena en una tienda de Oviedo para ser su propia jefa. "En aquella época era más fácil acceder a los préstamos bancarios. Me pesaba el día fuera de casa y quería un cambió; me lancé y me salió bien", relata García, que recuerda las actitudes machistas de algunas personas cuando se iniciaba en el negocio: "Venían y preguntaban por el jefe o por mi padre porque no les cuadraba que una mujer estuviera al frente". Esta langreana ha logrado consolidar su actividad, pero ve con incertidumbre el futuro por la pérdida de actividad económica de la comarca: "Mi marido también trabaja y al final son dos sueldos. Eso te permite más flexibilidad si algún mes viene mal en la tienda; si no, estaría más cardiaca".

Patricia Alonso (2010). Tras terminar la carrera de Ingeniería Técnica Industrial y un breve paso por la empresa familia, Patricia Alonso puso en marcha Alonso Ingenieros, una oficina técnica dedicada al diseño de sistemas de climatización y energías renovables, entre otros servicios, y a la dirección de obra. "La oficina sigue en Langreo, pero casi todo el trabajo nos sale en otros sitios, como Madrid, Málaga o Valencia. Esto está muerto, cada vez más. Se han marchado o han cerrado muchas empresas y te hace pensar qué puede pasar". Madre de una niña, Alonso apunta que, a la hora de conciliar, el horario escolar "es incompatible con el trabajo de cualquiera que no sea funcionario".

Lorena Fernández (2011). En pleno corazón del valle del Samuño está Rural Pampiedra, el complejo de restauración y alojamientos promovido por Lorena Fernández. La instalación da trabajo a cinco personas, dos más en temporada alta. Fernández, de 35 años y madre de un niño, expone que la clave de tener un negocio es dar un buen servicio y "echarle horas, restándoselas de tu tiempo de ocio o de descanso. Creo que las mujeres empresarias tienen más decisión al afrontar los retos".

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