22 de noviembre de 2016
Historiador

La hazaña del Ave María

El origen lenense del caballero Hernán Pérez Pulgar, protagonista de las lecturas infantiles en época franquista, cuyo padre nació y vivió en el pueblo de La Cortina, en la parroquia de Teyeo

22.11.2016 | 03:40
La hazaña del Ave María

Entre las lecturas infantiles que se repetían en las escuelas del franquismo, nunca faltaba la "Hazaña del Ave María", protagonizada por Hernán Pérez del Pulgar, heroico caballero de los tiempos de los Reyes Católicos, sobresaliente en mil batallas, pero famoso sobretodo por haber humillado a Boabdil antes de que protagonizara esa famosa escena de llaves, lágrimas e indignación materna que acompañó a la rendición de Granada poniendo punto final a la Reconquista.

Lo que nunca se nos dijo -seguramente porque nuestros maestros lo desconocían- fue que Pérez del Pulgar, nacido en Ciudad Real el 27 de julio de 1451, era hijo de un noble vecino del pueblo lenense de La Cortina, en la parroquia de Teyeo, y los varones de su ascendencia paterna, asentada en este bonito enclave a 700 metros sobre el río Huerna, que hoy cuenta 25 casas y una decena de vecinos, también destacaron en la historia de España por su valentía y sus hechos de armas.

Pero antes de referirme a ellos, les voy a refrescar alguna de las andanzas de don Hernán, o Hernando, o incluso Fernando si lo prefieren, porque como verán merecen la pena. Tanto que las puso en verso Lope de Vega, las recogió Washington Irving y a lo largo del siglo XIX fueron muchos los autores que las recrearon en cuentos y novelas.

Entre todos, es indispensable leer al político liberal Francisco Martínez de La Rosa, quien se entusiasmó con el personaje y a partir de las informaciones obtenidas del archivo del Marqués del Salar, que era en aquel momento el depositario de la casa de los Pulgares, escribió su biografía "Hernán Pérez del Pulgar, el de las Hazañas", publicada en febrero de 1834 en la imprenta madrileña de don Tomás Jordán. Por él sabemos los datos sobre el padre de don Hernán, que se llamaba Rodrigo del Pulgar y se casó en Ocaña con doña Constancia García Osorio, hija del Comendador de Socovos y nieta del marqués de Astorga.

La obra de Martínez de La Rosa es extensa, como lo requieren los muchos hechos de armas de nuestro guerrero, y romántica, según el estilo de la época en que se hizo. Comprenderán que una página no da para detenerse en ellos, pero no puedo dejar pasar uno singular, sucedido en el camino de Guadix, durante el sitio de Baza. Allí logró don Hernán convertir una derrota segura en victoria cuando se halló cercado por una turba enemiga y tras colocar un trapo blanco en la punta de su lanza, revolvió su caballo hacia donde arreciaba la pelea mientras gritaba a los infieles: "¡Aquí va el pendón de Castilla!".

Los soldados cristianos lo siguieron al ver su valor y lograron un triunfo que parecía imposible por lo que en el mismo campo de batalla fue nombrado caballero por el rey Fernando. La imaginación nos lleva a una ceremonia en la que fueron padrinos Francisco Bazán y Antonio de la Cueva, cubiertos aún con la armadura del combate. Allí, rodeados por la hueste inmóvil y en un profundo silencio, con el suelo aún sembrado de cadáveres, el rey pidió una espada al capitán Diego de Agüero y dio con ella tres golpes en la cabeza de don Hernán, ordenando después al duque de Escalona que le calzase unas espuelas doradas.

Desde aquel momento el monarca ya tuvo a don Hernán entre sus imprescindibles y en los postreros días de 1489 le otorgó un escudo en el que figura un león de oro en campo azul levantado una lanza en sus garras y ondeando en el aire una toca blanca, rodeado por una orla de once castillos en memoria de los once alcaides que había vencido en aquella batalla.

Aunque lo que colocó en la historia a nuestro personaje fue la hazaña del Ave María, desconocida por quienes no han cumplido los 50, pero que hizo soñar a varias generaciones de niños. Por si acaso, les voy a resumir aquel hecho.

La cosa aconteció durante el cerco de Granada, cuando Hernán Pérez del Pulgar, cansado de esperar el asalto, se hincó de rodillas e hizo voto de entrar en la ciudad a tomar posesión de su mezquita mayor y convertirla en iglesia cristiana bajo la advocación de nuestra Señora de la O y de paso pegar fuego a la Alcaicería.

Quienes recogieron la hazaña no se ponen de acuerdo sobre su fecha. Para unos ocurrió el día 18 de diciembre de 1490 y para otros el viernes 21 de octubre de 1491, día de Santa Úrsula. No importa. Lo cierto es que el caballero partió hacia Granada al atardecer llevando quince escuderos, dispuesto al incendio con un hacha de cera, alquitrán y una cuerda encendida y antes de llegar a su objetivo se detuvo en el camino para recoger unas ramas secas para extender luego el fuego.

También coinciden en que sería ya la una de la madrugada cuando la comitiva llegó sigilosamente debajo del puente de Los Curtidores, se apearon todos y Hernán Pérez del Pulgar eligió a seis hombres para que lo acompañasen, convenciendo a los demás, que también querían ir, de que hacían más los que se quedaban que los que entraban, porque estos solo tenían que guardar sus personas, y aquellos las suyas y los caballos.

Ya en el interior, mandó encender el hacha de cera y la puso al lado de la puerta junto a la antorcha y el alquitrán, luego se arrodilló, sacó del pecho un pergamino dorado y cintas de seda rojas y verdes en el que estaba escrito el Ave María, en latín y con letras azules; lo besó por tres veces y lo clavó con su daga, diciendo a sus compañeros: "Aquí tenéis mi escudo, esta empresa no es mía, es de la Reina de los Ángeles".

Luego se dispuso a incendiar la Alcaicería y al pedir la mecha a Tristán de Montemayor, este se disculpó diciendo la había apagado; entonces no pudo reprimir su cólera: "¡0h mal hombre! Esta noche quedaba abrasada Granada y me has quitado el mayor hecho que se hubiera oído" y embistiendo contra él le dio una cuchillada en la cara, y le hubiera dado más si Diego de Baena no hubiese intervenido: "Sosegaos, señor, que yo os traeré lumbre".

No pudo ser. Baena volvió a la mezquita y logró encender un hachón de matojos pero fue sorprendido por los moros, hubo pedradas y cuchilladas; uno de los caballeros estuvo a punto de morir al caer en un mal paso y finalmente Pulgar salió por donde había entrado dejando a la ciudad en la mayor confusión.

Ahora les diré que existe una "Historia de la casa de Herrasti", redactada por un pariente de los Pulgar, que residió en Granada y manejó no solo documentos auténticos, sino una autobiografía de Hernando del Pulgar, que se ha perdido. En ella se basó Francisco Martínez de La Rosa para afirmar que "la Casa y Solar del Pulgar está en el Principado de Asturias, en el valle de Güerna, en el lugar de La Cortina, que es del concejo de Lena; y que es de los más ilustres y nobles que hay en dicho concejo y Principado, cuyos poseedores siempre han sido reconocidos y estimados por caballeros y principales señores".

También que en el archivo antiguo del lugar de La Cortina, se hallaron en el padrón de la moneda forera unos renglones que afirmaban que los hermanos Gonzalo y Pedro Pulgar, hijosdalgos fueron Patronos del Patronazgo de La Alberguería, en el lugar de Ríos, al pie del puerto de la Cubilla, en el que daban sustento a pobres pasajeros, lumbre y heno para camas, lo que se refiere con seguridad a lo que hasta hace poco tiempo se conocía como "La Casa los Probes", a la entrada de Riospaso.

Pedro del Pulgar había nacido en el año de 1321, reinando Alfonso XI, fue caudillo en muchas empresas militares, y murió en Campomanes en 1376. Estuvo casado con María Diez de La Cortina y tuvo dos hijos. El segundo, Hernando del Pulgar, fue doncel del rey Juan I, señor de esta casa en Santa María de Telledo y con una vida tan interesante que no tengo más remedio que dedicarle otro día a él solo una de estas historias. Se lo prometo.

Ahora el espacio me obliga a abreviar: también el abuelo de Hernán Pérez del Pulgar, llamado Pedro, también combatió contra los moros de Granada al lado de Enrique III en la batalla de los Collejares en 1406 y en la toma de Pruna y en la de Antequera y murió luchando sobre Cambil en 1431. Casado en Ciudad Real con doña Juana Martínez de Poblete, tuvo a Rodrigo del Pulgar, quien sirvió a Enrique IV en la batalla de Olmedo, en la Vega de Granada y en la defensa de Ciudad Real. Quedó malherido cuando la invasión del Maestre de Calatrava en 1475, y de resultas acabó perdiendo la vida.

Comprenderán mi sorpresa al comprobar que todos estos personajes son desconocidos en la Montaña Central. Ahora ya les corresponde a otros seguir esta pista.

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