04 de marzo de 2017
04.03.2017
La gran fiesta de los disfraces y la irreverencia

La Truchona del Caudal acabó desfilando sin agua, pero en un mar de gente

04.03.2017 | 01:29

El día grande de Carnaval de Mieres comenzó al mediodía con el velatorio de la Truchona en la plaza del Ayuntamiento. A esa hora del día llovía y a nivel municipal se percibía cierto desencanto, ya que el Antroxu local está bastante reñido desde hace años con la meteorología, llegando incluso a tener que suspender en alguna ocasión debido a una inesperada nevada. Pero el tiempo mejoró y la lluvia cesó a tiempo.

Después del descanso para la comida, las bocinas y los tambores comenzaron a escucharse a las cinco de la tarde y los más madrugadores ya paseaban disfrazados por Mieres, esperando el desfile. A las siete y media, las charangas "Xaréu nel Ñeru", "Los Restallones" y "Los Tardones" salieron de la Mayacina anunciando la cercanía del inicio del desfile concurso. Minutos antes del inicio de la marcha, Teatro Margen escenificó en la plaza del Ayuntamiento el "cortexu" a la Truchona del río Caudal.

Traca y pasacalles

A las ocho y media de la tarde una traca pirotécnica anunció el comienzo del pasacalles. Las carrozas y charangas recorrieron sin prisa todo el centro de la ciudad, con mucho público siguiendo su paso desde las aceras: "Hay mucha gente, bastante más de lo que venía siendo habitual años atrás", destacó un fiel al carnaval local.

El "Xaréu de Antroxu" comenzó ya cerca de las diez de la noche, con la actuación de las charangas. Al cierre de esta edición el jurado del Antroxu de Mieres deliberaba sobre a quién premiar. En juego estaba el premio gordo de mil euros, el mayor que ha dado el Ayuntamiento en los últimos años. La Truchona del Caudal tenía asumido ya su inminente paso al sector conservero.

Tras los actos oficiales del programa festivos, mierenses y visitantes se dispersaron por las zonas de encuentro de la ciudad. La mayoría de bares y restaurantes tenían ayer a su personal también disfrazado. "La economía aprieta y ya no es como antes, pero es una costumbre que en la medida de lo posible hay que preservar", señaló el hostelero Juan Permuy, uno de los pioneros del carnaval mierense. A la hora de la cena, los disfraces ya eran dueños de toda la ciudad. El Antroxu se preparaba para una larga noche.

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