11 de agosto de 2017
11.08.2017

Los ángeles de Marco

Tres jóvenes, intoxicados tras entrar en una casa en llamas en Turón para asegurarse de que su vecino no estaba dentro: "Ahí no lo podíamos dejar"

11.08.2017 | 09:20

Esta podría ser una de esas noticias que nadie quiere contar. La desgracia de un joven de treinta años que se quedó dormido con el portátil sobre la cama, ocasionando un incendio que calcinó toda la habitación. Pero el destino quiso que Marco Oviaño no estuviera en su casa de Santa Marina (Turón, Mieres) la pasada madrugada: "Unos amigos me dijeron de ir a tomar algo a Mieres y, aunque era entre semana, dije que sí". Decisión que le salvó la vida. Además, ahora sabe que tiene ángeles entre sus vecinos (aunque sólo lleva dos meses en el barrio): tres chicos, dos menores de edad, desafiaron al fuego y al humo negro que lo cubría todo para buscar a Oviaño. Izan Calleja (14 años), Adrián Gómez (17 años) y César Álvarez (32 años) tuvieron que ser trasladados al Hospital Álvarez Buylla por una intoxicación. Ellos son los ángeles de Marco.

- Tío, Izan, sale humo de una casa.

Izan Calleja recibió ese aviso de su amigo Adrián Gómez a las dos de la mañana. Acababan de despedirse tras dar un paseo. Del bajo del número 42 de Santa Marina, salía un humo negro que llenaba de olor a quemado toda la calle. La madre de Izan Calleja también despertó y salió de casa. Llamaron al Centro de Coordinación del 112-Asturias, que les recomendó (siguiendo el protocolo) que nadie intentara acceder a la vivienda. "No íbamos a dejar que nadie se quemara dentro del piso", señalan, rotundos, los chicos. A Izan Calleja y Adrián Gómez se unió César Álvarez, que estaba paseando a su perra "Kesha" cuando empezó el incendio.

La acera frente al edificio estaba ya abarrotada: "Esa puerta hay que echarla abajo", gritó alguien. Y los jóvenes lo hicieron: "Salió humo negro que cubrió toda la antojana, no se veía nada dentro del piso", afirman. Fue César Álvarez el que entró en la vivienda: "Quería pasar mi padre, pero no le dejé". Se tiró al suelo, donde podía respirar, y recorrió toda la vivienda a gatas: "Era donde veía algo, desde el suelo".

Sin aliento le dejaron los casi seis metros que separan la entrada de la habitación más alejada: el dormitorio de Marco. "No se veía bien, pero yo salí prácticamente convencido de que la vivienda estaba vacía", explicó Álvarez. Los vecinos seguían angustiados cuando llegaron los bomberos, también una UVI-móvil (que pidieron en la llamada al 112 por si alguien estaba dentro de la vivienda) y una ambulancia de soporte vital básico. "Yo sé que los bomberos actúan rápido, pero la llamada es eterna y se hacen demasiados trámites para atender una emergencia como esta", afirmó Alberto Torres, uno de los vecinos que dio el aviso al 112. Según su versión, los efectivos de bomberos llegaron al lugar casi media hora después de que se produjera el incendio. El parte del 112, documento oficial, afirma que fueron diecinueve minutos. 

Los bomberos agradecieron la colaboración de los tres chavales. El edificio fue desalojado por precaución durante las labores de extinción, que no se alargaron mucho: a las cuatro menos cuarto de la madrugada, los bomberos estaban de vuelta en la base de Mieres. Pasado el susto, los vecinos se tomaron con humor que Marco Oviaño apareciera en el primer autobús de la mañana: "Le paramos antes de que llegara al piso para que no se llevara el susto de su vida", explica la madre de Izan Calleja.

Cuando entró en la casa la encontró toda negra y algunos de sus bienes quemados: un portátil "que es muy bueno" y varias prendas de ropa "que no me gustaban mucho". Y lo más bonito de esta historia: los tres chavales que entraron en la casa en llamas no conocían de nada a Marco Oviaño. Se dieron la mano ayer, al mediodía: "Gracias, tíos".

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