14 de agosto de 2017
14.08.2017

Las minas de Victorino Alonso han obtenido 1.400 millones en ayudas a la producción

Las firmas del magnate leonés han logrado 300 millones de euros en contratos públicos de carreteras, infraestructuras ferroviarias y obras hidráulicas

14.08.2017 | 03:15
Victorino Alonso, en una imagen de archivo.

Un entramado de empresas en las que subcontratas y matriz pertenecen al mismo dueño, cientos de millones de euros de ayudas públicas, pleitos judiciales eternos y un nombre: Victorino Alonso. Se le conoce como el "magnate de la minería" o el "rey del carbón" y las cifras avalan ese apodo. En las últimas dos décadas las empresas vinculadas a Alonso recibieron 1.400 millones de euros en ayudas a la producción del mineral. Esa cantidad asciende hasta los 1.700 millones de euros si se suman los contratos públicos obtenidos de 2000 a 2014 a través de sus empresas para la construcción de carreteras, infraestructuras ferroviarias y obras hidráulicas.

Todas estas cifras, que aparecen en una información publicada por el diario "El Mundo" en su edición dominical, reflejan el gran protagonismo de Alonso en el sector extractivo nacional. Su padre ya era empresario minero, pero él fue más allá. Estudió Ingeniería de Minas en la Universidad de Oviedo. En 1987, compró Hulleras e Industrias (Hullasa). Fue el primer paso para ser un magnate. En 2006, los grupos Coto Minero Cantábrico y Unión Minera del Norte (los dos de Alonso) llegaron a producir 35 por ciento del carbón nacional y a ocupar al 35 por ciento de los mineros del país.

Cuenta un transportista mierense que en los años noventa fue a pedir trabajo a Victorino Alonso. Y él le dijo que le encargaría unos portes, a pagar en seis meses. Acuerdo insostenible para un pequeño empresario. "Era una estrategia, para despistar, porque la mayoría de las subcontratas que trabajan para sus empresas son también suyas", explican fuentes sindicales. Se le relaciona con cientos de compañías y el Registro Mercantil confirma que ha ostentado cargos ejecutivos en cincuenta y seis de ellas. El entramado es tan complejo que ni siquiera la Policía Judicial logra identificar sus bienes. Sí es señalado como "administrador único y latente coordinador" del Grupo Victorino Alonso (Geva).

Extrabajadores del grupo Uminsa aseguran que "éramos sus rehenes" porque Victorino Alonso dejaba de pagar salarios en cuanto se producía un retraso en el integro de subvenciones. Los trabajadores, asfixiados sin sueldo, iniciaban las protestas. La compañía Coto Minero del Sil recibió desde 1990 hasta 2002, año en el que se integró en Uminsa, 200 millones de euros en ayudas a la producción. Entre 1994 y 2014, cuando la empresa se liquidó, Minero Siderúrgica de Ponferrada ingresó 569 millones (y otros 62 millones tras pasar a denominarse Coto Minero Cantábrico). Las ayudas a Unión Minera del Norte alcanzaron los 72 millones de euros, entre 1998 y 2016.

Es un repaso a las principales sociedades vinculadas a Victorino Alonso. Tras la compra de Hullasa, en 1990, tomó posesión en seis empresas mineras: Minas y Carbones S. A., Minas Santa Leocadia, Hullas de Barruelo, Grupo Minero el Porvenir, Carbonia y Carbocal. Siguió aumentando su imperio, año a año. En Coto Minero Cantábrico aparece como apoderado en el año 1999.

El empresario abandera una estrategia desde los inicios de su carrera: abandona cargos de responsabilidad en sus sociedades y se mantiene como apoderado, en un plano más discreto. Así consigue distanciarse de la primera línea y resguardarse de las críticas sindicales. El secretario general de Comisiones Obreras, Damián Manzano lo calificó públicamente de "personaje siniestro" y "chantajista". Una imagen muy alejada de la que defienden alcaldes de las comarcas mineras de León. "Educado", "inteligente", "gran negociador" y "con un gran amor a la mina". Son adjetivos para Alonso, en boca de algunos regidores de las comarcas del Bierzo y Laciana (repetidas en múltiples publicaciones).

¿"Siniestro" o "educado con gran amor a la mina"? Fuentes sindicales aseguran que Victorino Alonso ha sabido poner dos caras. La del negociador, "que no se marca en política", para sentarse en los despachos y acercar posturas y la del "vengativo" patrón que tomaba represalias: "Claro que tenía en cuenta el sindicato en el que estabas o si seguías o no una huelga", afirman los trabajadores. Uminsa, que presentó su liquidación el pasado mes de mayo, cerró con impagos salariales a sus empleados.

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