Los Oscos medievales

29.05.2008 | 02:00

En memoria de Santiago Escudero, entrañable amigo, persona cabal y buena, excelente profesor e intelectual coherente. Que la tierra le sea leve.


Un excelente estudio sobre el poder, la sociedad y el territorio en la comarca de los Oscos durante la Edad Media.


El estudio de la organización social del espacio a partir del análisis de las relaciones dialécticas entre el poder, la sociedad y el territorio constituye desde hace ya varias décadas una de las vías más fecundas en el estudio de la Edad Media hispana. J. A. García de Cortázar ha sido, sin duda, el medievalista español que más se ha destacado en esta clase de análisis tanto en su dimensión teórica como en el aspecto de su investigación empírica.


El contenido de este libro de José Antonio Castrillón, La comarca de los Oscos en la Edad Media, que se presentará próximamente en la sede del RIDEA, no es sino una aplicación de esa clase de aproximación a la sociedad medieval de esa comarca enclavada en el suroccidente asturiano. Su origen es la investigación realizada por el autor para obtener el grado de doctor, dirigida por el catedrático de Historia Medieval de nuestra Universidad Ignacio Ruiz de la Peña, y ha sido merecedor del premio «Juan Uría» de 2006.


La prueba del nueve en esta clase de investigación es constatar si realmente se han establecido las relaciones entre esos tres elementos de análisis -poder, sociedad y territorio- o simplemente se ha realizado su estudio por separado, a modo de piezas independientes unas de otras. En este caso, Álvarez Castrillón no sólo reconstruye bastante bien, dentro de las limitaciones que las fuentes imponen, esas relaciones, sino que traza, además, a través del análisis de la arqueología y la toponimia, un sugerente cuadro de la evolución histórica de la comarca desde el período prehistórico hasta la etapa medieval que constituye el objeto central de su estudio.


Ese análisis previo nos presenta un territorio claramente individualizado con una ocupación humana desde tiempos prehistóricos y plenamente romanizado, del que emerge una comarca con personalidad propia que terminará consolidándose en la Edad Media con la impronta común que va a proporcionar al territorio comarcal su colonización y explotación por el monasterio y señorío abacial de Santa María de Villanueva concedido por el rey Fernando II en el siglo XII.


El autor reconstruye la evolución histórica del pasado medieval de la comarca analizando la evolución del poblamiento, su articulación institucional, la actividad económica y la estructura social. Las breves referencias que también realiza acerca de la religiosidad y mentalidades colectivas de sus habitantes son manifiestamente mejorables. Para todo ello ha utilizado preferentemente la documentación escrita -en buena parte inédita- del monasterio de Santa María de Villanueva. Además dedica un importante capítulo a la fundación del cenobio, su funcionamiento y gestión colonizadora, en el que desarrolla una nueva e interesante interpretación sobre su origen.


En el período altomedieval, concretamente a partir del siglo X, desde que se tienen las primeras noticias escritas y hasta el siglo XII, la comarca aparece articulada por un poblamiento de villas, esto es, unidades de explotación integrales coincidentes a menudo con las grandes propiedades señoriales, y trabajadas mayoritariamente por un campesinado en régimen de servidumbre. La comarca, en el plano de su articulación institucional, aparece integrada en una de las «mandaciones o comissos» a través de los cuales el rey gobierna el territorio en este período.


En los siglos XII y XIII ese escenario cambia sustancialmente. El sistema de villas evoluciona hacia un poblamiento de aldeas. La presión colonizadora se incrementa hasta ocupar los espacios de braña y la comarca experimenta un crecimiento demográfico sostenido, alcanzando, según la estimación del autor, una población de unas 2.000 personas. Asimismo, varía su estatus institucional al integrarse en la tenencia señorial episcopal con centro en el castillo de Suarón. El monasterio se convierte en esta etapa en el gran propietario de la comarca. A la par que se inicia el proceso de conversión de la antigua servidumbre en población jurídicamente libre, pero sujeta a los «malos usos» señoriales. En la etapa final de la Edad Media, la comarca también va a sufrir las profundas convulsiones económico- sociales producidas por la crisis bajomedieval y experimenta una mayor integración en el mundo urbano astur-galaico de su entorno.

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