FRANCISCO GARCÍA PÉREZ
No estoy muy puesto en estas cosas, pero creo entender que el sistema capitalista, en sus ramas sanitaria y farmacéutica, funciona así: una persona sufre por algo que gran cantidad de sus congéneres ha padecido a lo largo de los siglos, por algo que tiene nombre y que forma parte de la naturaleza del vivir; a continuación, un científico astuto le da un nombre diferente a ese malestar y lo subdivide en variedades: cuantas más, mejor; en seguida los laboratorios crean mejunjes químicos supuestamente específicos para cada una de esas supuestas variedades, así como otro más genérico para la supuesta nueva dolencia; por último, los médicos pasan a recetarlos. Al final, todos contentos: el científico cobra fama con su neologismo, las casas comerciales se forran, los médicos mantienen entretenido al paciente y los seres humanos dan la brasa al prójimo con los síntomas y daños de la presunta enfermedad de nombre rarito. Todo se reduce a manipular el lenguaje con fines de libre mercado.
Pasemos a un ejemplo reciente. Si alguien sufre un matrimonio o emparejamiento aburrido, insípido, tedioso, plomífero, cargante, pesado, latoso, soporífero o dormitivo, o, en definitiva, insoportable, es casi seguro que se sienta desgraciado, con ánimo desapacible, triste, amargado, molesto, desazonado o disgustado; presa de la desgana, la náusea, el disgusto, la desazón o incluso la ira; el resquemor, el dolor, la pesadumbre, la amargura, las sofoquinas. Pero, claro, con esta descripción no le dan a uno la baja laboral. Sin embargo, afirme usted que sufre «saturación convivencial intensiva» (pronúncielo con mayúsculas iniciales y recalque mucho sus siglas: SCI), y la cosa cambia. Es más, sostenga que no sólo está enfermo de «saturación convivencial intensiva»: encuádrese, además, en una de las tres modalidades que el psicólogo clínico Antonio Bolinches distingue: «saturada», «divergente» o «desencantada». Diga, pues, que le aqueja una «saturación convivencial intensiva divergente» (SCID), una «saturación convivencial intensiva desencantada» (SCIDE) o una «saturación convivencial intensiva saturada» (SCIS), que ya es la releche de la saturación. Como habrá medicinas concretas para la SCI, la SCID, la SCIDE y a porrillo para la SCIS, el médico se las recetará (no le va a decir que es usted un quejica que no sabe afrontar lo que la vida trae consigo, un respeto), la industria farmacéutica le nombrará pardillo mensual de honor y todos en la oficina le harán corro para que se explaye. Usted sabe que lo que le ocurre es sólo que está hasta el gorro de su pariente o parienta, pero el sistema capitalista le permitirá, agradecido por su contribución económica al galeno y al boticario, una prejubilación anticipada por SCI. Y con ello, todos contentos: lógica lingüística de libre mercado.