COSME MARINA
El Festival de Música de Alicante cumple veinticinco ediciones consagrado a la creación contemporánea. Su creación supuso un punto de partida, una puesta en valor de la música de nuestro tiempo y, décadas después, se ha instalado en la normalidad empujando a diferentes generaciones de compositores desde el soporte que supone el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea. La cita alicantina se gestiona con rigor y austeridad. Se suple la estrechez de medios económicos con imaginación y apuestas arriesgadas que justifican un ciclo que se ha ido ganando, con el paso de los años, el respaldo del sector. Pese a su trayectoria irregular, la clara línea artística de los últimos años está propiciando ediciones de importante nivel y un creciente respaldo del público, hasta hace no tanto una de las asignaturas pendientes de un certamen que ya puede exhibir unos índices de ocupación más que interesantes.
El festival ha ido creciendo y también lo han hecho las agrupaciones e intérpretes españoles que defienden la creación actual con ganas y convencimiento, capaces de competir con las más prestigiosas formaciones europeas. Abrió el ciclo una de las más significativas, el Grup Instrumental de Valencia, bajo la dirección de su responsable artístico Joan Cerveró. En su actuación destacó el estreno de la versión camerística de «Como llora el viento, para guitarra flamenca y orquesta» de Mauricio Sotelo, obra de indagación sobre el cauce expresivo del flamenco, en la que el guitarrista Cañizares demostró garra y carácter. «Six miniatures en trompe-l'oeil» de Philippe Hurel o «Fragmentos de teatro imaginario» (primera parte) de Elena Mendoza vertebraron una velada magníficamente cerrada con la densa «Anamorfosis» de Alberto Posadas.
La segunda jornada del festival permitió disfrutar de una de las grandes formaciones europeas de la actualidad Musik Fabrik. A las órdenes de la directora estona Anu Tali, los músicos germanos sentaron cátedra mediante una calidad interpretativa fuera de serie. Ayudó, asimismo, la diversidad de un programa que se abrió con «Nachschrift-eine Chiffre» de Wolfgang Rihm para continuar con la fascinante mixtura «Chalan» de Mauricio Sotelo -uno de los grandes protagonistas de esta edición junto a Posadas-. La curiosa «Vesperbild» de Mauro Lanza y la contundente «Unexpected end of formula» de Luca Francesconi cerraron una actuación de primer nivel. En la misma línea de excelencia se mantuvo uno de los conciertos estrella de este año, el protagonizado por el «Kronos Quartet», agrupación de referencia capaz de llegar a un público muy amplio y que generó un entusiasmo inaudito en el festival que obligó a la formación a ofrecer tres bises. Su propuesta, muy pensada y sólidamente presentada en su puesta en escena, hizo un recorrido global que se inició en el músico de Azerbaiyán Franghiz Ali-Zadeh, pasando por la India, Palestina e Israel. Autores como Bryce Dessner, Ram Narayan, Hanna Kulenty, Raz Mesinai, Ramallah Underground, Damon Albarn o Michael Gordon fueron muestra de una versatilidad estilística verdaderamente admirable.
Alberto Posadas volvió al escenario, esta vez en el teatro Arniches -que comparte sede del festival con el Principal-, con «Versa est in luctum», una de las propuestas del «Ensemble Espai Sonor» dirigido por el compositor Voro García, que ofreció su obra «Sombra del recuerdo». Entre lo más original, la refrescante y arriesgada obra «?Es particular» de Sonia Megías y el magnífico «Trío» de Aureliano Cattaneo. Todas ellas ejemplos de la pluralidad de tendencias que marca la pauta de la creación musical de élite.