Crónica de un tiempo perdido es un libro de prosa fluida, fácil de leer por la firmeza exacta de su cadencia, pero que a la vez exige un gran esfuerzo de contextualización al lector porque se mueve en un arco temporal amplio sin dar demasiadas explicaciones de los vaivenes políticos de Italia desde la época napoleónica a la unificación. Cuenta las peripecias de Napoleón por el Piamonte en 1797 y la honda huella que dejaría en los italianos, hasta el punto de hacerles reaccionar más de medio siglo después, de la mano de Cavour, Mazzini, Garibaldi y Víctor Manuel, con el movimiento que supuso la unificación italiana y que se conoce como Risorgimento.
El autor de este libro, el para nosotros desconocido Giuseppe Cesare Abba, de muy joven participó con los mil camisas rojas en la toma de Sicilia, así que sabía bien de lo que hablaba cuando, en la vejez, después de una vida relajada como alcalde de su pueblo, se sentó a escribir libros que mezclaban la historia y la memoria, el tiempo largo de Fernand Braudel con el tiempo corto que es toda vida, porque aunque los acontecimientos no eran demasiado lejanos, Abba era consciente de que había participado en una parte importante de la historia de Italia. Este libro, al que da fin muy poco antes de morir en 1910, habla con sencillez y encanto de todo ello.
Lampedusa, otro italiano, pero del Sur, le hacía decir a su príncipe de Salina que todo debía cambiar para poder seguir igual. Él, que venía de un mundo en el que la aristocracia lo era todo, se encontraba algo descolocado por el fuerte empuje de la burguesía. Ese proceso hizo que la nostalgia se apoderara del alma del príncipe de Salina, pero éste todavía mantuvo la cabeza lo suficientemente fría como para aconsejar a su sobrino Tancredi no perder el carro de los nuevos tiempos, unirse a los revolucionarios y casarse con Angélica. Abba, en el mundo de Lampedusa vendría a representar ese futuro al que el príncipe de Salina quería que se enganchara Tancredi, un mundo que quedó más o menos cerrado con la caída de Napoleón III en la guerra franco-prusiana, cuando los italianos, después de casi veinte años, pueden anexionar por fin los estados papales y hacer de Roma la capital del reino instalando a Víctor Manuel en el Quirinal.
Lo dicho: Crónica de un tiempo perdido es un libro agradable de leer y difícil de entender si no se molesta uno en descodificar el contexto histórico.