LUIS M. ALONSO
Malcolm Lowry (Cheshire, 28 de julio de 1909-Ripe, 26 de junio de 1957) era, al igual que su padre, un magnífico nadador. El día en que se enteró de que su progenitor había muerto, se lanzó al agua y nadó tan lejos en la ensenada de Burrard (Canadá), adonde se había retirado para escribir la novela de su vida, que Margerie Bonner, una de sus dos esposas, pensando que le había ocurrido algo malo, empezó a preocuparse. Transcurrido un tiempo, el nadador regresó a la orilla, subió la escalera del muelle y no dijo nada. Douglas Day, uno de sus dos biógrafos, recoge un testimonio de ese silencio que Margerie atribuye a la falta de afecto paterno. Pero el mismo biógrafo sostiene que lo que ocurrió aquel día puede deberse precisamente a lo contrario: el escritor intentó suicidarse en 1938 en Acapulco nadando mar adentro hasta donde el Pacífico no pudiera devolverlo. Hay quienes dicen que Arthur O. Lowry, un próspero comerciante del algodón de moral puritana y planteamientos rígidos, ejerció una dominación tan fuerte sobre su hijo que, admirándolo, le profesaba, al mismo tiempo, amor y odio.
Nunca se podrá saber con certeza por mucho que se escriba sobre el pasado tormentoso del autor, pero es posible que la infancia de Lowry haya sido un factor determinante de la destrucción personal que vino después, como también lo fueron los remordimientos posteriores sobre oportunidades perdidas y sentimientos mal encauzados que le llevaron a embarcarse en una huida permanente hasta llegar al accidentado suicidio de Ripe (East Sussex, Inglaterra) en 1957.
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