RUBÉN SUÁREZ
Que el certamen de pintura de Villaviciosa haya llegado a su décimo segunda edición no merecería especial atención, más allá de celebrar su consolidación, si no fuera porque en esta edición se ha producido una circunstancia que puede potenciarlo de manera notable en cuanto a su promoción y difusión, incluso a nivel nacional. Me refiero a la incorporación como colaboradora del certamen, que organiza el Ayuntamiento de Villaviciosa, de la Fundación José Cardín Fernández, y eso no tanto por el hecho de que patrocine uno de los premios de la convocatoria como por hacer posible que las obras seleccionadas puedan ser instaladas en el magnífico espacio de exposiciones que la Fundación tiene habilitado en el edificio de la antigua casona de don José Cardín que le sirve de sede en el centro de Villaviciosa. Además, bien se puede esperar que esa colaboración se extienda en el futuro a otros aspectos de la organización y la promoción, ya que la institución cuenta seguramente con capacidades y recursos para conseguir, junto al Ayuntamiento, una proyección nacional para el certamen y, si fuera posible, establecer una serie de actividades complementarias que le dieran mayor entidad y relieve como hecho cultural y significativo en el ámbito de las artes plásticas. Localidades hay en España de menor importancia como población que Villaviciosa y constituyen sin embargo una referencia de interés para el mundo artístico español.
De momento, la exposición abierta en la villa, espléndidamente montada -hay que ver cómo agradecen las pinturas los cuidados de la luz y del espacio- constituye ya un primer y considerable estímulo, tanto para los pintores participantes o que puedan serlo, como también para los aficionados al arte asturianos que no perderán su tiempo si visitan la sede de la Fundación para contemplar esta dignísima y muy atractiva muestra. Todo lo que hagamos por apoyar ésta y otras iniciativas parecidas como extensión de los centros de arte más frecuentados sólo puede influir positivamente en el desarrollo de la creación y el conocimiento del arte contemporáneo en Asturias.
En la edición del certamen del presente año obtuvo el primer premio la que creo que es una obra del mayor interés dentro de la evolución artística de María Braña, la pintora tevergana que aunque se asomó algo tarde a la práctica del arte ha demostrado en su trayectoria capacidad de trabajo y talento suficiente para ver seleccionada su obra en numerosos concursos, obtener premios y celebrar varias exposiciones en las que ha puesto de manifiesto el interés de su trabajo y, con el mismo mérito, titubeos nacidos del tesón y la necesidad de buscar nuevos horizontes. La pintura ganadora cuyo título, «A vueltas con la cuadratura del círculo», no le hace justicia por su alicorta obviedad, posee una poética y callada musicalidad que nace de la geometría y del color interpretados con gran pureza y plantea un análisis y desarrollo del círculo en el plano, segmentándose, solapándose y invadiendo el espacio con notable sutileza, una obra enteramente clásica asumiendo lecciones del constructivismo y el neoplasticismo. Es un salto de calidad por arte de la artista. El segundo premio lo obtuvo otra conocida pintora geométrica asturiana, Pilar del Val, ya con notable trayectoria, con la obra «Composición espacial», muy característica de su personal manera de plantear el tema como forma y no como reconocibles arquitecturas sino con un sugestivo sistema pictórico de relaciones y formales. En el tercer premio, Rui Gomes Pereira nos cuenta un cuento en una pintura de compleja ornamentación, exuberante de forma y contenido con sugestiones de sueño infantil, titulada «Não existem regras ou tal vez algumas». Pero hay otras muchas pinturas que sin duda interesarán al visitante.