RUBÉN SUÁREZ
Es una deliciosa experiencia contemplar la actual exposición de las obras seleccionadas en la vigésima edición de la Muestra de Artes Plásticas del Principado de Asturias que actualmente ocupa el espacio de la galería Borrón. Aun antes de fijarse en cada una de ellas en concreto, la mirada panorámica y azarosa percibe el refrescante mensaje de un arte nuevo y verdadero, de imágenes nuevas que nos hablan de una visión plástica diferente y desenfadada, alejada de convencionalismos y creada con espíritu libre e independiente. Luego, esa primera impresión se confirma en la contemplación más detenida de las distintas obras y nos permite apreciar que esa libertad no es otra cosa que la expresión formal de un pensamiento plástico que busca su inspiración no en la representación de lo objetivo, ni en la reiteración de modelos plásticos ya existentes, sino en la percepción individual de la íntima y propia realidad de cada artista, trascendida por la imaginación y por la fantasía.
Es sabido que las Muestras de Artes Plásticas, organizadas ejemplarmente en Asturias, vienen dando prueba, año tras año, de una reconocida capacidad para descubrir, estimular y poner en valor el arte emergente de nuestra región, «como escaparate representativo de cuáles son los derroteros por los que inician su andadura los artistas asturianos», que es cita de palabras fundacionales escritas hace veinte años. Pero resulta especialmente gratificante constatar que cuando se cumple el vigésimo aniversario de una iniciativa que ha resultado tan enriquecedora, podemos disfrutar de una muestra tan luminosa, imaginativa y creativa, tan sólida y creíble también en lo artístico, porque estos artistas asturianos de ahora caminan con mayor seguridad en sí mismos y en los planteamientos conceptuales y formales de su obra -sin necesidad de caer en la innovación o la conceptualización sistemática- de lo que lo hayan hecho nunca. La exposición viene a ser como un manifiesto, una especie de nuevo «Salón de los independientes», esta vez del arte joven asturiano.
En el muy cuidado y bien editado catálogo de la exposición, que los aficionados al arte harían bien en procurarse y conservar, podemos leer, además de un comentario de Francisco Crabiffosse, que ha venido siendo algo así como el alma mater de las Muestras a lo largo del tiempo, un inteligente y significativo texto de Jaime Luis Martín, en el que, entre otras muchas cosas de interés, escribe: «A diferencia de aquellos artistas asturianos de generaciones precedentes que vieron en diferido los diferentes ismos que sacudieron el siglo veinte, los actuales jóvenes creadores trabajan en tiempo real enganchados a la red por la que circula un intenso flujo de información y creatividad». Seguramente sea esa una de las claves de lo que venimos comentando y que ese flujo capaz de sacar al arte «de su ensimismamiento» y «diseñar otros territorios» resulte savia revitalizadora que contribuya a la evolución del arte de nuestro tiempo, siempre, claro está, que alimente al talento. Integran la exposición las obras de los artistas Sara García, premio «Asturias» Joven de Artes Plásticas, Lorena Álvarez, Adrián Cuervo, Manuel Griñón, Carlos López Traviesa, Rebeca Menéndez, Carlos F. Pérez y Colectivo Rubenimichi (Luis José Suárez Álvarez).