J. C. GEA
Cuatro pintores, cuatro formas de concebir y materializar el arte plástico y una sola sala para convocarles a una peculiar reunión a partir del viernes, pero sin permitir que se diluya la intimidad de sus propios espacios. Ésa parece ser la idea de «Encuentros»: más que una colectiva, una cuádruple individual con cuatro mini-exposiciones de otros tantos nombres capitales de la pintura de las últimas décadas: Eduardo Arroyo (Madrid, 1937), Antón Lamazares (Lalín, Pontevedra, 1954), Guillem Nadal (Sant Llorenç, Mallorca, 1957) y Dis Berlín (Ciria, Soria, 1959) que Gema Llamazares ha reunido en su galería «La Colección», decidida a hacer un aprovechamiento de los peculiares espacios de la sala tan peculiar como la sala misma.
El más veterano de los convocados, Eduardo Arroyo, está representado en «Encuentros» por algunas de sus iconografías más reconocibles, como uno de sus «Deshollinadores» integrado en un ciclo dedicado a las cuatro estaciones, del que se exhibe la pieza referida al otoño. También están presentes sus característicos «Citoyens» a través de varias acuarelas y homenajes como el dedicado a Manet; pero quizá lo más peculiar es una serie de pequeños óleos de gran intensidad plástica y narrativa en los que se manifiesta en toda su fuerza la estrecha relación entre literatura y pintura que confluye en Arroyo: «El Rhin alemán», «Suicidio», «Cleopatra» y «Retrato de Argos». Son obras singulares en las que, según el crítico de arte de LA NUEVA ESPAÑA y autor del catálogo, Rubén Suárez, «más allá de lo lúdico, alienta lo trágico y lo mágico».
Del gallego Antón Lamazares se muestran una serie de cartones ligeros y sobrios, soportes encontrados, ensamblados y tratados de modo que, a pesar de su pobreza, se cargan de la deslumbrante intensidad lírica habitual en el pintor. Las piezas pertenecen a la serie «Domus Omnia» y «E fai frío na lume» y, en ellas, las mínimas referencias a figuras domésticas dibujadas mediante incisiones en el cartón alternan con pequeños dípticos en los que toda anécdota se diluye en lo que Suárez bautiza como «minimalismo galaico».
En el extremo opuesto, por exuberancia y colorido, se sitúan las obras del autor más representado en «Encuentros», Dis Berlín. El pintor soriano, una de las referencias ineludibles en la regeneración figurativa de los ochenta, aporta una serie de pinturas y collages, algunos de gran formato, en las que se concentran y superponen áreas y capas de signos de toda índole -referencias a las artes decorativas, a la zoología o la botánica, a la geometría a la iconografía pop o psicodélica-, en estallidos desbordantes, que Dis Berlín plasma con exquisito primor dibujístico y cromático. También se muestran algunas de sus «Columnas cósmicas», sorprendentes esculturas verticales en madera y plástico policromado.
Finalmente, la sobriedad casi geológica confiere su particular fuerza plástica y poética a los cuatro intensos papeles del mallorquín Guillem Nadal, en los que se repite un mismo gesto en los relieves matéricos que enmarcan sendas esquinas del campo pictórico, en el que varía el tratamiento de color dado a cada uno de los papeles.