EUGENIO FUENTES
Los límites divinos de la impostura
El protagonista de la más reciente entrega del británico Tibor Fischer es un desencantado de la honradez. Tras asegurar que ha intentado por todos los medios mantenerse íntegro, Corbett, que tal es el nombre de este agente comercial en paro, se hace pasar por un amigo en una convención. La impostura funciona y Corbett le coge gusto al lujo fácil, así que decide picar más alto y hacerse pasar por Dios. Tras asombrar y descoyuntar las mandíbulas de miles de lectores con Bajo el culo del sapo o Filosofía a mano armada, Fischer se interna ahora en el sinuoso mundo de las iglesias, las creencias y los milagros. ¿No creen ustedes en la resurrección de los cuerpos? Pues agárrense a estas 300 páginas.
Lo que vino después de la muerte del Arte
Para todo, claro está, hay opiniones, pero gente muy documentada sostiene que a la muerte de Dios -puesta en marcha en el Renacimiento y completada por Nietzsche con total desenvoltura- sucedió el efímero reinado del Arte. En cualquier caso, pocos son los que dudan que, venga del Renacimiento o del siglo XIX, la exaltación de determinados objetos a la categoría de Arte representó su consagración, su elevación a las inmediaciones de la divinidad. Hasta el punto de seguir los pasos del dios de los judíos y reclamar en exclusiva para ellos una denominación de origen que en la Antigüedad compartían con otras varias manufacturas.
Al Arte, empero, también le llegó a su fin. Murió por mano asesina. ¿Duchamp? Es sin duda el deicida más conocido, gracias a los bigotes que le puso a la Gioconda o a su urinario convertido en fuente. ¿Entonces qué es lo que se compra y vende? Marcas, marcas y más marcas, cuyas alzas y bajas en los mercados responden a estrategias que persiguen la rentabilidad o el refuerzo del ego. El economista experto en arte Don Thompson lo explica con pelos y señales.
La desaforada vida de un individuo en busca de paz
Magnífico conocedor de su país, el ruso Leskov (1831-1895) se empeñó en reclamar una dimensión moral para una sociedad que se descomponía entre la cerrazón de su realeza y aristocracia y los duros embates de grupos revolucionarios. Sin embargo, en las dos últimas décadas de su vida se abrió paso en su escritura un anticlericalismo que le costó la pérdida del favor imperial. Su obra avanza entonces a caballo entre la ironía destructiva y la reivindicación del individuo sencillo. A este último registro corresponde, en clave hilarante, El peregrino encantado, hasta ahora inédita en español. La rocambolesca vida, contada por él mismo, de un hombre de edad avanzada que se dirige a un convento en busca de un sentido para su existencia.