Entrevista

«Las novelas se hacen más por afán de saber que para contar»

«La memoria, ahora que hablamos tanto de ella, es una cosa muy frágil y las vidas son muy cortas»

 
Antonio Muñoz Molina. / arciniega
Antonio Muñoz Molina. / arciniega 

ANTONIO MUÑOZ MOLINA VIRGINIA GUZMÁN Escritor, acaba de publicar «La noche de los tiempos», en la que aborda la Guerra Civil y sus efectos

Las casi mil páginas de su novela La noche de los tiempos han consumido los tres últimos años de trabajo de Antonio Muñoz Molina (Úbeda, Jaén, 1956). El escritor y académico vuelve a su querencia por las vidas afectadas por los cataclismos de la historia. Ahora se trata de un personaje para el que todo cambia con la Guerra Civil española, en estrecha conexión con su primera novela, Beatus Ille.


-¿De dónde surge «La noche de los tiempos»?


-Viene de mis lecturas, es un mundo que siempre ha estado en mí como lector aficionado a la historia, a los libros de memorias, a los diarios. Y luego la inspiración concreta es una cosa mucho más menuda, más pequeña, es el deslumbramiento de descubrir la naturaleza cuando se sale de la ciudad de Nueva York y se viaja hacia el Norte y te encuentras ante el espectáculo de una naturaleza de una escala deliciosa. Me preguntaba qué pensaría una persona que llega de pronto a ese mundo viniendo de la Europa en guerra o en crisis y eso me lleva a la vida del poeta Pedro Salinas, que igual que el protagonista de la novela se va a Estados Unidos. Y piensas en las personas que de pronto lo pierden todo, con lo que nos cuesta hacernos una vida y una identidad. Las novelas se hacen más que para contar por querer saber, uno mismo como escritor quiere saber lo que es, a qué se parece.


-Como refleja en la novela en una conversación entre José Moreno Villa y el protagonista, Ignacio Abel: uno nunca sabe cuándo va a ser tu última vez, tu último momento.


-La novela es un buen instrumento para indagar por ahí, para aprovechar el conocimiento que nos da la historia y poner la parte de empatía, que es lo que nos corresponde cuando escribimos ficción.


-Como personaje principal, Ignacio Abel es un hombre de contrastes, un personaje complejo?


-Una parte de la belleza del proceso de escribir una novela así es ir tú mismo descubriendo facetas de un personaje, porque también te acostumbras a verlo desde el punto de vista en que lo ven otras personas. Cuando se empieza a escribir una novela realmente no sabes nada, no sabes si tienes que escribir en primera o tercera persona, qué clase de tercera persona debes manejar y, claro, esas decisiones son fundamentales. Las personas no somos una cosa, somos muchas cosas a lo largo del tiempo y somos muchas cosas según las relaciones. El yo es una cosa muy frágil, fluida, y cambia mucho según quién lo ve y en qué circunstancias.


-Se pasean por la novela personajes como Azaña, Negrín, Alberti? Gentes a las que se presuponía cierta sapiencia, pero que no pudieron evitar el conflicto.


-La sabiduría y el conocimiento son cosas muy relativas. Una persona puede ser muy culta para ciertas cosas y muy tonta para otras, y lo asombroso de esa época es lo ineptas que son política e ideológicamente muchas personas que son grandes poetas, grandes escritores. Lo más difícil es el sentido común en la vida real. Azaña era un hombre muy brillante, pero era un hombre que se enamoraba de su propia oratoria. El mayor mérito de Azaña, que era su brillantez, era su mayor defecto, porque eso le llevaba a la arrogancia y a creerse que una vez dicho un discurso las cosas estaban resueltas. Y luego lo que viene después, el horror de la dictadura franquista hace que tengamos, yo también la he tenido, la tendencia natural a idealizar a ciertos modelos, pero tenemos que mirar las cosas como son.


-En los últimos años parece que hay un «boom» por escribir de la Guerra Civil. ¿Quedan aristas por limar, se ha llegado tarde a escribir o ficcionar esos hechos?


-No, yo no me canso de recordar que ficción extraordinaria, memorias y libros históricos de gran calidad se han escrito desde antes de que terminara la guerra. En los últimos años lo que se ha creado es un efecto óptico de que antes nunca se habían tocado esos temas. Y eso es mentira. Se han tratado exhaustivamente, otra cosa es que estuviera o no de moda. Hay una cosa para la que sí se ha llegado tarde, para recoger los testimonios de las personas que vivieron aquellos hechos, no sólo desde las cúpulas políticas o las élites intelectuales, sino de la clase trabajadora. La memoria, ahora que hablamos tanto de ella, es una cosa muy frágil y las vidas son muy cortas. Ese trabajo no se hizo cuando se podía hacer.


-Hablamos de la memoria histórica y después de 70 años le seguimos dando vueltas a las dos Españas.


-Juan Negrín y Max Aub han recuperado el carné socialista 50 años después de haber muerto, ¿en qué mundo vivimos? Negrín, como personaje literario, da mucho juego, pero le tocó bailar con la más fea, ser presidente del Gobierno de la República en plena guerra y ya no sólo por el enemigo que tienes enfrente sino por lo que tienes a tu alrededor. Era consciente de que su única alternativa era la Unión Soviética, cosa que para un socialista moderado y de profundas raíces democráticas como él no era un plato de gusto.


-¿España ha aprendido de sus errores?


-Creo que otras generaciones sí aprendieron. Pero es importante que resaltemos, los que hemos vivido en la dictadura y los que nos hemos dedicado a estudiar las cosas, el valor de conocer lo que ha sucedido y lo que está sucediendo. Creo que no hay nada de lo mejor del proyecto republicano que no esté recogido en la Constitución de 1978. Yo desafío a quien sea a que me diga qué derecho reconocido en 1931 no se tiene ahora, aparte del hecho evidente de que vivimos en un país bastante mejor, a pesar de que haya una tendencia nacional a la palabrería más que a la acción, a buscar los puntos de discordia más que los de concordia, pero no es comparable. Y el mérito es de las generaciones de nuestros padres, de nuestro abuelos, que se sacrificaron con su trabajo, que se reconciliaron de un modo u otro para darnos esto.


-¿Hasta qué punto se deben mezclar política y literatura?


-El escritor escribe con lo más verdadero y profundo que tiene y a veces escribe y actúa políticamente con la parte más vanidosa. Los intelectuales más brillantes para juzgar la poesía se ponen a juzgar las opciones políticas y son más tontos que el ciudadano común. Cuidado con los intelectuales, porque tienden a la arrogancia y a las explicaciones abstractas y rápidas, mientras que la persona que se gana la vida con sus manos sabe lo complicado que es el mundo de verdad. Algunos de los mayores horrores de la historia los han cometido intelectuales convertidos, Mao Tse Tung era un poeta y Hitler era pintor?


-¿Las críticas le quitan el sueño?


-El mío es un caso intermedio. El que diga que le gusta recibir una mala crítica o que no le importa está mintiendo. Hay un fenómeno muy curioso, puedes recibir cinco críticas estupendas y recibes una mala o mediocre y la satisfacción que te dan las estupendas es menor que las molestias de una mala. Pero tienes que aprender a convivir con ellas. Es un trabajo muy raro, porque lo haces en tu intimidad y de pronto está a la vista de todo el mundo. Una vez que lo has terminado tienes que convencerte de que ya no depende de ti. Da mucha alegría esa resonancia que encuentras en los lectores. Cuando sucede es una cosa muy hermosa, porque se parece a lo que uno siente cuando lee a otro que le gusta mucho.


-¿Qué piensa de esos que hablan del fin de la literatura, del daño de las tecnologías, de los jóvenes que no leen?


-Las tecnologías son una fuerza incontrolada que puede servir para bien o para mal, depende de decisiones políticas o sociales que se toman en cada momento. Pero que la gente lea o deje de leer no depende de las tecnologías, es un problema más amplio, de las escuelas, de la familia. Un problema al que en España no se le quiere hacer frente.


-¿Qué lee cuando está dedicado a escribir?


-No leo mucha ficción, parece que el cuerpo te pide aquello que necesita y en ese momento no necesita ficción porque es algo que estás practicando. Mientras escribía esta novela, leí una novela que me afectó mucho, que fue Al faro, de Virginia Woolf, sobre todo la parte central, que ocurre en una casa vacía. Me parece asombroso que se cuente una parte de una historia en una casa vacía? Tampoco leo mayoritariamente ficción, leo mucha historia, cosas de divulgación científica.


-Ha estado tres años con «La noche de los tiempos», ¿le ha dejado exhausto o ya piensa en otros proyectos?


-Me ha dejado tranquilo. Está bien escribir, pero también está bien no escribir. Me gusta escribir, unas veces lo disfruto, otras me aburro o me cuesta ponerme, pero no escribir también está estupendamente. Hay tantas cosas que hacer, ¿no?

  HEMEROTECA

Programación

CLUB PRENSA ASTURIANA
Consulta los próximos eventos

Imágenes del día

La actualidad en fotografías

La actualidad en fotografías

Todas las fotografías de las noticias en una única página

 

Síguenos también en . . .

Facebook LNE Twitter LNE
      CONÓZCANOS:   CONTACTO |  LA NUEVA ESPAÑA |  CLUB PRENSA ASTURIANA |  PUNTOS DE VENTA |  PROMOCIONES      PUBLICIDAD: TARIFAS| AGENCIAS| CONTRATAR   
Lne.es y La Nueva España son productos de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de La Nueva España. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.


  Aviso legal
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca  | Empordà | El Diari  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Opinión de Zamora  | La Provincia  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya