TINO PERTIERRA
Raúl Hernández nació en Madrid, pero a los seis meses ya vivía en Gijón. Asturiano de pura cepa, trabaja en Madrid, pero las raíces están aquí, donde rodó dos cortometrajes. Veterano realizador de TVE, hizo una de las propuestas cinematográficas más arriesgadas y lúcidas de los últimos tiempos: Antes de morir piensa en mí. Ahora su labor como dramaturgo se cristaliza en Los esclavos, un libro apasionado y apasionante que reúne la aventura teatral de un creador de vacíos, alguien que se siente como uno de esos arquitectos de grandes catedrales góticas cuyas obras son excusas para atrapar el vacío.
Para él escribir teatro tiene que ver más con la poesía que con la narrativa, porque se crean textos donde lenguaje y emoción se aúnan y se alzan como grandes olas por encima de la superficie de la realidad. Sabe que escribir teatro es una osadía: escribir las palabras que dirá otro, y que habitualmente configuran una gran mentira. Una mentira que revela la verdad de un personaje. O sea, escribir teatro es contar con el otro para completar la obra. Con el actor, con el director y, sobre todo, con el espectador.
El presente para Hernández desprecia las vanguardias. Se alaban los productos de consumo inmediato. Lo trillado, sin sorpresas. Aquellos grandes textos clásicos tuvieron gran impacto como obras novedosas y no lo han perdido a lo largo del tiempo. Ahora cuando se habla de una forma de escribir clásica no se piensa en estos textos paradigmáticos y arriesgados, sino en las secuelas que las imitan una y otra vez y que están destinadas, tras ser ingeridas de forma rápida y fácil, al olvido.
Hernández empezó a imaginar cine a los 4 años. Le mandaban a la cama y nunca veía el final de las películas. Ponía el volumen lo bastante alto para oírlo desde la cama. Y ahí, plano a plano, reconstruía con la pista de los diálogos y la música la imagen que le faltaba. El cine es una ilusión hoy imposible para el cineasta asturiano. Y sin embargo, para él es agradable reincidir en ella. Lo peor son las dudas, que nada tienen que ver con los aspectos creativos: ¿es suficientemente comercial?, ¿completaremos la financiación?, ¿ponemos caras conocidas?, ¿el proyecto tendrá éxito? Lo mejor, la colaboración con gente que aporta en la película mucho más de aquello por lo que se le paga. Hernández no sabe si algún día podrá quitarse de encima el estigma de ser marginal. No le importa, aunque sí quisiera llegar a todos esos que se emocionan e inquietan con lo que escribe. Por ellos sigue escribiendo. Telón.