Más allá de su compromiso informativo con la cobertura de la actualidad cultural y artística del Principado, LA NUEVA ESPAÑA se enorgullece de haber participado activamente en la difusión de la obra de Aurelio Suárez y de todo lo relacionado con el pintor gijonés a lo largo de los últimos siete años. Consciente de la importancia de un legado con escasos parangones en el arte regional y aun nacional, y de la necesidad de divulgar, muy especialmente entre los asturianos, el trabajo de un artista singularísimo pero apenas conocido por el gran público, el diario patrocinó dos de las principales exposiciones organizadas en torno al legado aureliano después de la muerte del pintor.
La primera de ellas, «Bocetos», se inauguró en la gijonesa y ya desaparecida galería Durero en vísperas del verano de 2005. La sala -la que mantuvo mayor vinculación con el artista, incluso después de la decisión de Aurelio Suárez de autoexiliarse del circuito comercial- exhibió por primera vez, en una ocasión ciertamente excepcional, una muestra de cada una de las series en las que el pintor organizó su producción de bocetos. «Bocetos», que constituyó un éxito de público, ofrecía por primera vez al público la posibilidad de obtener una prueba fehaciente de la asombrosa variedad técnica e iconográfica que encierra el universo de Aurelio, familiarizar al público con la peculiaridad de los bocetos -quizá el formato más específicamente aureliano- y obtener una panorámica de la totalidad de este apartado de su obra. La muestra contribuyó, además, a revelar la profunda impronta dejada por la persona y la obra de Aurelio en otros artistas asturianos a través de una serie de visitas comentadas por artistas como Rubio Camín y otros de la generación inmediatamente posterior: Ortega, Melquíades Álvarez, Reyes Díaz, etc.
Unos meses después, a caballo entre 2005 y 2006, LA NUEVA ESPAÑA patrocinaba la muestra que suponía el regreso de Aurelio a una galería ovetense, casi medio siglo después de la última individual expuesta por el gijonés en la capital del Principado. La exposición reunió en el privilegiado espacio de la galería Vértice 76 obras representativas de los tres formatos aurelianos -óleos, gouaches y bocetos- en la que hasta el momento constituye la mayor y más completa muestra del legado del pintor. En ambos casos, las exposiciones se complementaron con la edición de catálogos que contribuyeron a ampliar la documentación de la ingente y entonces casi totalmente inexplorada obra de Aurelio Suárez.
En esa misma línea de divulgación y documentación, LA NUEVA ESPAÑA ha venido dedicando en los últimos siete años un significativo espacio de sus páginas de arte a la reproducción de muchas de las joyas escondidas en el tesoro aureliano, cuidadosamente reproducidas y referenciadas, con motivo de cada una de las actividades organizadas en torno al pintor. Además, a partir de abril de 2008, el suplemento semanal «Más Gijón»! publicó, con voluntad de ofrecer un primer acercamiento al aurelianismo al gran público, una «Aureliopedia», glosario alfabéticamente organizado con entradas relativas a la vida y la obra del genial pintor gijonés.
El último paso en la divulgación del legado de Aurelio Suárez ha llevado su obra, por primera vez, a los fondos de un centro institucional fuera de Asturias. «Lunafilia», un exquisito óleo fechado en 1954 y pintado por Aurelio en sus habituales dimensiones para esta técnica -38 x 46 centímetros- fue adquirido en la pasada edición de la feria de arte contemporáneo Arco por el Museo Patio Herreriano de Valladolid. El cuadro era propiedad de la prestigiosa galería madrileña Guillermo de Osma, que a su vez lo había adquirido en mayo de 2007 en la sala capitalina sala Segre, donde salió a subasta con un precio inicial de 10.000 euros. Hasta el momento, Aurelio Suárez sólo formaba parte de las colecciones del Museo de Bellas Artes de Asturias, que alberga 39 obras en distintos formatos del artista.
La obra, de intenso contenido poético, es un nocturno en el que Aurelio Suárez pone en relación uno de sus temas predilectos, la mujer, con la luna, uno de los símbolos universales de lo femenino, mediante una composición muy limpia y escueta en el que, sobre fondo uniforme en tonalidades azules, una luna antropomorfizada parece gravitar sobre el desnudo yacente de una mujer. El cuadro ha sido uno de los más reiteradamente divulgados de entre los óleos aurelianos, ya que pudo ser visto en la misma galería Guillermo de Osma el verano posterior a su adquisción, en la muestra que supuso el regreso a Madrid de la obra aureliana. Posteriormente fue prestado por la sala madrileña para la exposición «La mujer y el aurelianismo» que acogió un año después el Museo Antón de Candás en el verano de 2008 y ha sido reproducido tanto en el catálogo y la colección de postales que se editó con motivo de la muestra en Candás como en la carpeta de láminas «Aureliada», que se publicó el pasado año con patrocinio del Principado.
Por lo que respecta a Asturias, y a pesar de la efeméride del centenario, todos los movimientos recientes en torno a la obra de Aurelio Suárez han sido exclusivamente de índole editorial: la carpeta de láminas citada, junto a otras dos similares financiadas por el Principado - «Esto es»y «Gijón aureliográfico»-; el calendario de pared también patrocinado por el Gobierno regional y una colección de calendarios de mesa que ha contado, como el año precedente, con los auspicios de una serie de empresas asturianas. No ha habido exposiciones desde la dedicada, en verano de 2009, por la galería gijonesa Cornión a dos de las series más características de los bocetos aurelianos - «geologismo» y «equis más uno»- y tampoco hay nada definido respecto a «gran exposición» cuya organización para este año anunció, durante la presentación de las carpetas citadas, el presidente del Principado, Vicente Álvarez Areces.
El último movimiento en la difusión del aurelianismo, al borde del año del centenario, ha sido la edición de «Bocetoaurelio», que repite el formato de carpeta con láminas, y que en esta ocasión ha sido patrocinado por Rubiera Predisa. La publicación, con una tirada numerada de 250 ejemplares, reproduce a su tamaño real 40 bocetos de distintas series y cuenta con textos del Conservador Jefe del siglo XIX en El Prado, Javier Barón, los historiadores del arte Alfonso Palacio y Antonio Alonso de la Torre y el colaborador de LA NUEVA ESPAÑA Juan Carlos Gea.