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- House y Leibniz. House apoya el «Principio de razón suficiente» de Leibniz: nada tiene lugar sin razón suficiente, esto es, no ocurre nada sin que sea posible que alguien sepa suficientes cosas para dar una razón suficiente que determine por qué es así y no de otra forma. No hay, pues, sucesos aleatorios o inexplicables: siempre hay una razón que explica por qué ocurren las cosas. House sigue este principio cuando Wilson dice que a veces los pacientes mejoran sin ninguna razón, y House replica que no es cierto, es sólo que no sabemos la razón. House no soporta las enfermedades que otros médicos llaman «idiopáticas» (de origen desconocido): «idiopática, del latín, significa que somos idiotas», dice House, porque no podemos descubrir qué es lo que está causando la enfermedad.
- House, el taoísmo y la filosofía zen. Parece que House se alía con el punto de vista occidental, que destaca el poder de la razón, y no con el oriental, que hace hincapié en los límites de ésta; pero House es capaz de decir a Cameron que lea menos y vea más la tele, un comentario (muy a lo Homer Simpson) que implica un reconocimiento de las limitaciones de la razón. Por otro lado, y del mismo modo que un maestro zen intenta que sus estudiantes se abran al mundo contestando sin sentido a sus preguntas, tirándoles un zapato o ladrando, House también intenta desestabilizar a su equipo con sus groserías hasta que surge una revelación original. La indiferencia de House ante sus pacientes («es fácil tratar a alguien si te importa un rábano») es una actitud muy parecida a la sentencia taoísta: «Los sabios tratan a la gente común como si fueran perros de paja».
- House y Bentham. El utilitarismo de Bentham propone llevar a cabo las acciones que produzcan las mejores consecuencias posibles a largo plazo, lo cual significa que a veces hay que hacer daño si eso permite lograr un bien mayor o evitar un daño peor. Escuchemos a House: «Tomo riesgos y a veces los pacientes mueren, pero no tomar riesgos hace que mueran más pacientes, así que supongo que mi mayor problema es que he sido dotado con la capacidad matemática de hacer bien las cuentas».
- House y Stuart Mill. En Sobre la libertad, Mill dice que si queremos una sociedad que sea capaz de buscar de forma significativa la verdad, necesitamos una sociedad en la que exista un rico y sólido mercado de ideas, y para eso debemos fomentar a los excéntricos y sus experimentos de vida. Se puede aprender mucho de los House (o los Diógenes) de este mundo: la excentricidad tiene gran utilidad social.
Y podríamos seguir con House y Aristóteles, Kant y muchos más. Pero sólo hay espacio para una última pregunta: ¿querría usted que House fuera mejor persona? Puede que su respuesta sea que, en caso de sufrir una enfermedad grave, absolutamente no. En ese caso, le convendría soportar las groserías, la deshonestidad y la disposición a romper la ley de un médico punk al que no queda más remedio que aguantar cuando su bastón es el último clavo al que agarrarse.