COSME MARINA
El principal acontecimiento cultural de Asturias, la Temporada de Ópera de Oviedo, inicia un año más sus actividades el próximo día 18 de septiembre. Lo hace en un curso especialmente difícil por la profundidad de una crisis que ha mermado, una vez más, las ayudas institucionales, mientras que los miles de abonados y asistentes al ciclo han renovado su fidelidad. Es un dato este muy llamativo. Mientras los organismos públicos tijeretean en su obligación constitucional de apoyar la cultura, la sociedad civil es la que se aferra a su patrimonio cultural de una manera poderosa y, casi diría, emocionante por su perseverancia. Por mucho que se empeñen en colorear cifras e inflar datos, ningún otro espectáculo de primer nivel en Asturias puede exhibir siete mil espectadores únicos como sí puede hacer la ópera en alguno de sus proyectos.
Pese a los recortes creo que se puede ser optimista, a priori, con respecto al nuevo curso operístico, tanto en programación como en el cambio de actitud que se percibe desde el Principado de Asturias hacia la importancia estratégica de la temporada. La Fundación Ópera de Oviedo ha ajustado su propuesta artística a la realidad y, en el transcurrir de estos meses, se irán alternando propuestas más que interesantes. Se inicia temporada con El murciélago, la opereta de Johann Strauss, en una producción de la Ópera de Las Palmas, que tuvo muy buena acogida en su estreno y que lleva la firma de Mario Pontiggia. En la batuta estará un director habitual del Campoamor, Eric Hull. Entre el reparto hay que destacar el debut de Mariola Cantarero como Rosalinde o la participación de Gabriel Bermúdez y Chen Reiss. Tomará el relevo, en octubre, uno de los títulos más divertidos de Gioachino Rossini, L'italiana in Algeri, con dirección escénica de Emilio Sagi y musical de Ottavio Dantone. En el cast hay que mencionar el debut en el Campoamor de una de las divas de la actualidad, Vivica Genaux, y también el regreso de un rossiniano de fuste como es Pietro Spagnoli.
Die Zaüberflöte, de W. A. Mozart, fue uno de los títulos que, a comienzos de la década de los noventa, marcó el giro del ciclo lírico ovetense, encaminándolo en una senda de mejora global que llega a nuestros días. Vuelve al escenario La flauta mágica y lo hace con un buen mozartiano en el foso, Paul Goodwin, en una producción de Olivia Fusch y con un elenco en el que hay que estar atento a la Reina de la Noche de Íride Martínez o la Pamina de Valentina Farcas como principales alicientes. Antes de Navidades llegará el título de reparto más contundente, Norma, de Vincenzo Bellini. Roberto Tolomelli estará al frente de un elenco espectacular integrado por Sondra Radvanovsky, Dolora Zajick, Aquiles Machado y Carlo Colombara. Susana Gómez será la encargada de efectuar una adecuación escénica para el espectáculo que, por razones presupuestarias, no se puede realizar con la producción que estaba inicialmente prevista.
También el cierre de la temporada se prevé de alto voltaje. Por fin se estrenará en la ciudad a finales de enero uno de los grandes títulos del siglo XX, Peter Grimes, de Benjamin Britten. La coproducción de Oviedo con otros dos teatros de primer nivel como son la English National Opera y la Vlaamse Opera fue un éxito total en su estreno londinense. Escénicamente David Alden es su responsable y Corrado Rovaris, su director musical. En el cast a buen seguro dará que hablar el Peter Grimes de Stuart Skelton. Programación infantil, proyecciones y conferencias mantienen viva la llama de la programación paralela que el vendaval económico se llevó por delante hace ya tiempo. Se mantiene, eso sí, el segundo reparto y una quinta función para dos de los títulos. Con los tiempos que corren casi es un milagro.