COSME MARINA
Estos días el público que abarrota el Campoamor está saliendo conmocionado por el magnífico resultado artístico de la cuarta ópera de la temporada, «Norma» de Bellini. Es un acontecimiento. Ovaciones en pie como hace años que no se veían en nuestro teatro y anécdotas curiosas se vienen sucediendo en cada función e irán quedando para el recuerdo de una «Norma» que el tiempo convertirá en legendaria y de la que se seguirá hablando largo y tendido. Unas sesiones que se insertan en la historia del teatro, por mucho que le pese a alguno que tiene en su faltriquera una hoja de servicios bochornosa.
La «cara b» de este éxito también se ve, por desgracia, muy nítida: puede que estemos asistiendo al canto del cisne de la temporada. Este año hubo que reorganizar el ciclo sobre la marcha ante los recortes públicos. Se cambiaron títulos y se prescindió de intérpretes ya contratados -cantantes de referencia como los protagonistas de «Norma»- acudiéndose, dicho sea con todos los respetos, a un mercado secundario de profesionales eficientes pero que ya no son ese primer nivel. El esfuerzo de la institución aunado al talento de Susana Gómez transformó una versión de concierto como la de «Norma» en una producción digna pero todo ello no se va a sostener el próximo año y esta denuncia conviene hacerla ahora. Cada nuevo recorte es una agresión y la Junta Directiva de la Ópera no puede estar callada esperando acontecimientos como ovejas que van al matadero. Debe ser beligerante de manera continua. Con las administraciones y con los cretinos. Con todos hay que lidiar con coraje. Entiendo que da pereza este segundo frente tan previsible y aburrido como «freak» pero es necesario arrancar las caretas porque la demagogia puede hacer mucho daño a la temporada.
Urge una explicación inmediata de lo que puede pasar si los recortes se consuman. Por ejemplo, de los títulos a día de hoy programados y que quizá deban ser retirados o sustituidos por otros de menor coste. Los asturianos han de saber cómo los políticos destrozan un proyecto cultural con la disculpa de la crisis (tomo la frase prestada al maestro Riccardo Muti). Con honestidad y las cosas claras. Nada hay que ocultar y la sociedad tiene que ser consciente de ello con la mayor transparencia
La Junta directiva de la ópera de Oviedo debe convocar a las instituciones con carácter de urgencia e informar a diario a los medios del proceso y, si estas esquivan el encuentro, los ciudadanos han de saber, con nombres y apellidos, quien tira por la borda décadas de trabajo de la temporada. No puede haber impunidad. Todos entendemos las circunstancias económicas, la necesidad de ajustar al máximo, pero destruir no es ajustar. Es otra cosa. Es enterrar proyectos, como el de la música en Oviedo, que son estratégicos para el Principado. No tiene las mismas consecuencias detraer la subvención a una asociación de amigos de los nabos o del gochu asturcelta que a una entidad social o a una cultural con resultados contrastados, en prestación de servicios culturales a una región y también económica. Hay que ponderar y estudiar cada caso. El Ayuntamiento tiene una responsabilidad capital en un ejercicio en el que el Campoamor cumple 120 años, el Principado debe terminar de raíz con el trato vejatorio que la ópera, y la cultura en general , ha sufrido en Oviedo desde hace años por parte de la administración regional y el Ministerio de Cultura, en manos del mismo partido político que el Ayuntamiento, ha de repartir el dinero, poco o mucho, en razón a criterios objetivos -historia, actividad, etc.- y no cómo hasta ahora de forma arbitraria. La ópera, por su parte, tiene que reclamar todo esto de manera contundente apoyada en los miles de ciudadanos que tiene detrás la institución la más potente desde el punto de vista cultural y con mayor número de socios del Principado. Construir culturalmente lleva décadas de esfuerzo. La demolición puede venir en pocos días o sea que no es el momento de indolencia y de «ver la vida pasar» como canta Fangoria. No hay causa más noble que luchar por lo que es justo y por un acontecimiento cultural que nos dignifica como sociedad.