Gijón, Ángel CABRANES
Nada parece frenar a Ángeles Carvajal. Esta gijonesa del barrio de El Natahoyo tenía claro que quería disputar el Campeonato de España máster, a pesar de que fuera la única nadadora del Santa Olaya dispuesta a desplazarse a una prueba disputada en Castellón. La preparación había sido concienzuda durante los últimos meses y en su ánimo sólo se encontraba el deseo de subirse al podio. En su tenacidad encontró el premio, y la olayista conquistó cuatro bronces, además de un cuarto puesto. Los que la conocen, sabe que a sus 65 años, pocas cosas se le pueden resistir a una veterana en ganarle tiempo a la vida.
«De niña era un "pececín". Me bañaba en la escollera y llegaba mi madre preguntando: "¿dónde está la nena?". Me veía entrar mar adentro, pero nunca sabía cuándo iba a salir». Ángeles Carvajal recuerda de esta forma cómo comenzó su casi permanente contacto con el agua. Lo hace desde Sevilla, donde pasa unos días de descanso junto algunos familiares. Entre ellos, Rocío Junquera, la persona que le acompañó en su cruzada por representar al Santa Olaya en el último nacional máster. «No estuve sola, ella también compitió en la prueba, aunque fuera con otro equipo», explica la protagonista, que resta valor a su empeño por estar presente en una de las pruebas reinas del calendario.
Las medallas conseguidas por Ángeles Carvajal se quedan en una anécdota cuando se conoce su historia. Hace tres años sufrió un grave accidente y los médicos eran poco optimistas sobre su recuperación. «Pensaban que me iba a quedar en silla de ruedas», comenta la gijonesa, que no dudó en llevarle la contraria a la medicina. A los meses postrada en la cama le siguieron días de caminatas, aunque tuviera que salir a la calle aferrada a las manos de sus dos hijos, Sara e Isaac. El siguiente paso fue la piscina, y de ahí, a la conquista de una total recuperación. El premio a su perseverancia también se tradujo en éxitos deportivos.
«Soy socia del Santa Olaya desde los años 70 y todos me animaban a nadar para ganar en salud. Empecé a entrenarme por mi cuenta y cuando vi a gente competir en el Nacional que se celebró en el club me dije: ¿Por qué no lo voy a intentar yo también», rememora. Su inscripción en los siguientes Campeonatos de España no sólo la llevó a ser una más, sino a erigirse como una de las protagonistas. «Sé que el año pasado me llevé tres oros y dos bronces en Las Palmas y en Pontevedra conseguí otro oro y otro bronce, pero no estoy muy segura. Igual cayó alguna más», explica Carvajal. Los metales son para ella lo de menos, lo importante es que refrendaban que había superado la prueba más difícil, la que le había puesto la vida.
«Nunca nadé en ningún equipo y no esperaba estar a ese nivel. Ahora no me pierdo ni una competición», asegura esta mujer, que cumplirá 66 años el próximo 5 de abril. Las travesías son otra de sus debilidades, ya sean en Gijón, Villaviciosa o Ribadesella. Hasta en Cádiz estuvo presente, donde, durante un entrenamiento, extravió el punto de partida y acabó en la Base Naval de Rota. «Fue muy gracioso. Me tuvo que llevar de vuelta un militar, en moto. Y yo por ahí en bañador», recuerda con humor. La sonrisa borra ahora los días duros que, gracias a la natación, ya han pasado al olvido.