La Fórmula 1 que todo lo puede retuvo el pasado miércoles un avión en Bangkok a la espera de que casi medio centenar de miembros del Circo, la mayoría periodistas, alcanzase en un vuelo retrasado la capital de Tailandia. Se trataba de no perder el enlace y no obligarse a combinaciones imposibles para llegar a Bahrein. Conscientes de que Ecclestone no los dejaría tirados, hubo algunos a los que sólo les preocupaba no perder su asiento en primera clase. Minutos antes de la carrera de ayer, Gulf Air, la compañía de bandera bahreiní, patrocinador oficial del Gran Premio, protagonizó una espectacular exhibición aérea. Puso sobre la cabeza de los espectadores, casi al alcance de la mano, un Airbus A330 y otro A340. Parecían buscar pista en el circuito y ofrecer esa primera clase a quien la hubiese perdido. En Bangkok no había pilotos, pero sí ayer en el circuito de Sakhir. Hubo algunos que quisieron billete de primera. Y se les concedió el deseo. A otros, como a Fernando Alonso, a pesar de poner todo de su parte para conseguirlo, le obligaron a conformarse con la clase turista. El plan de vuelo que había preparado no salió bien. Tan sólo pudo ser quinto con un coche que se vio bastante inferior al de sus rivales directos. Si no, nunca Heidfeld podría superar al asturiano con la facilidad que lo hizo mediada la carrera. Massa ganó ayer con autoridad y se desquitó de errores anteriores. Hamilton se perpetuó como hombre récord y pasa a ser el único debutante en la historia que hace tres podios consecutivos. Y Raikkonen firmó un tercer escalón que vale por un liderato compartido. Todos ellos son de primera clase.
Pero aunque Alonso viajó ayer con los pobres, o por lo menos muy cerca de ellos, su tarjeta de puntos ofrece un saldo que todavía le permite entrar a la sala VIP de la lucha por el campeonato. La tabla enseña un triple empate a 22 entre Raikkonen, Alonso y Hamilton. Massa los acecha con 17 puntos. Si algo distingue a los grandes pilotos de los del montón es que los primeros saben sacar el máximo provecho al coche cuando las cosas no van bien. Y ayer el asturiano sumó cuatro puntos que pueden valer su peso en oro cuando, al despuntar septiembre, unos y otros empiecen con las cuentas de la lechera.
Fernando Alonso salió a la pista con bastante carga de gasolina. Así lo reconoció el sábado después de ser cuarto en la calificación. El plan era intentar pasar a Raikkonen en la salida, pegarse lo más posible a Massa y Hamilton para después aguantar al máximo el primer repostaje y tratar de superarlos en la parada.
Pero nada salió como estaba previsto. O mejor dicho, casi nada. Alonso quería una primera tirada larga, con la idea de usar los neumáticos blandos todo el tiempo posible. Pero el coche nunca funcionó como debía. Sufría problemas de adherencia y rodaba bastante más lento que los de cabeza.
Alonso estuvo muy listo en la salida. Los dos primeros mantuvieron firmes sus posiciones y Raikkonen pronto se vio con Alonso subido a la chepa. El finlandés aguantó la primera embestida del campeón del mundo, pero, a la segunda, en la cuarta curva y ya fuera de la trazada, acabó por ceder ante el asturiano, que lo superó por la parte de afuera. Parecía que todo iba según lo previsto para el piloto de McLaren. Nada más lejos de la realidad. Massa y Hamilton se destacaron pronto y, poco a poco, iban poniendo distancia de por medio sin que Alonso pudiera evitarlo. Transcurridas únicamente once vueltas, el brasileño y el británico comandaban la carrera con cinco segundos de ventaja sobre Alonso. Raikkonen venía cuarto, pegado al asturiano y la sensación era que el finlandés era más rápido.
Mientras tanto, Felipe Massa y Lewis Hamilton iban desatados. Se alternaban haciendo vueltas rápidas, aunque Hamilton parecía llevar mejor ritmo antes del repostaje. Hasta tres seguidas llegó a marcar el de McLaren en las vueltas previas a detenerse. Alonso pasaba por su peor momento y perdía hasta ocho décimas por vuelta.
Lewis Hamilton fue el primero que entró en la zona de repostaje. Massa paró en la siguiente vuelta, y Alonso aún estuvo tres giros más en la pista. Pero ni tenía la velocidad que se le esperaba con el depósito vacío ni el coche parecía que pudiese mejorar. Tan limitado iba el asturiano que ni siquiera fue capaz de marcar una sola vuelta rápida durante la carrera. Raikkonen se sabía más veloz que Alonso y no quiso arriesgarse a un adelantamiento en pista. Tardó en detenerse para el repostaje una vuelta más y cuando regresó al circuito ya lo hizo instalado cómodamente en la tercera posición, por delante del McLaren que le venía estorbando varias vueltas.